La búsqueda de las cualidades ideales de un líder no es una cruzada reciente. Aristóteles, Julio César, Platón y el Apóstol San Pablo expusieron todos su teoría de lo que un líder debería ser y hacer. A pesar de que han transcurrido más de 2000 años cargados de erudición y experiencia, no hemos añadido gran cosa a las cualidades que los antiguos griegos consideraban fundamentales.

Si dejamos aparte las consideraciones ideológicas, los filósofos griegos y romanos estaban de acuerdo en que un líder tenía que ser:

  • Irreprochable
  • Moderado
  • Sereno
  • Respetable
  • Hospitalario
  • Capaz de enseñar
  • No violento, sino tranquilo
  • Sincero

Si acudimos a la filosofía oriental, nos encontramos con una lista parecida. Forbes, refiriéndose a la obra de Confucio, lo resume así: un líder debe ser virtuoso, gobernar de forma sabia y justa, y actuar con decisión después de reflexionar con detenimiento. Norman Schwarzkopf, General del ejército norteamericano, dijo: “El liderazgo es una combinación potente de estrategia y carácter. Pero si debes prescindir de uno de los dos, prescinde de la estrategia.”

Liderar personas, no tareas

“El liderazgo es una combinación potente de estrategia y carácter. Pero si debes prescindir de uno de los dos, prescinde de la estrategia.”

En los debates modernos sobre el liderazgo, tendemos a centrarnos en las capacidades profesionales, como la visión y el pensamiento estratégico. Esto es un error de planteamiento. No lideramos tareas ni procesos, lideramos a personas. Si condensamos la filosofía oriental y occidental del liderazgo, lo que concluímos es que un líder es un ejemplo o modelo de conductas deseables que debería ser capaz de transmitírselas a otros. Por encima de los millones que se han invertido en desarrollar modelos de comportamiento de liderazgo corporativo, la filosofía antigua y los estudios modernos coinciden en que un líder debe:

  • Ser respetado
  • Ser tranquilo bajo presión
  • Ser íntegro
  • Ser auténtico

Forjar relaciones basadas en la confianza

Debemos, por tanto, centrarnos en forjar una relación con las personas a las que lideramos, más que en la empresa en la que trabajan. Este planteamiento puede sorprender a muchos líderes, pero tiene sentido. La sabiduría popular afirma que un buen líder es aquel que consigue que otros más inteligentes que él sean capaces de mayores logros.

El desarrollo de las habilidades personales

Desarrollando las habilidades necesarias para alcanzar el éxito en el entorno laboral actual

Los líderes que no son capaces de delegar y permitir el pensamiento creativo no solo desmotivan a su equipo, sino que se ahogan a sí mismos en la microgestión y en tareas de menor importancia. Para garantizar que estas tareas se realicen, el líder tiene que generar una relación de confianza con el equipo que vaya en ambos sentidos.

Eso nos lleva a estas dos preguntas: ¿Cómo podemos confiar más en el equipo? ¿Y cómo logramos que ellos confíen en nosotros?

En muchos aspectos, la respuesta a las dos preguntas es la misma, y consiste básicamente en generar confianza a través de estos cinco elementos:

Integridad

Cuando un líder habla de sinceridad y honestidad, marca expectativas realistas, y trata a todo el mundo con el mismo respeto y ecuanimidad, el equipo se comportará de la misma manera, no solo con el líder, sino con sus compañeros. Un líder íntegro no plantea exigencias injustas y es coherente en la manera de relacionarse con todos los miembros de su equipo.

Cuando esta actitud se ve reflejada en el equipo, el líder sabe que todos se están esforzando de forma consistente, y están compartiendo la información de forma eficaz

Fortaleza

Un carácter firme es la cualidad que necesita un líder para enfrentarse a las decisiones difíciles, y para no ocultarse tras su equipo. Ni tú ni tu equipo os dejáis derrotar por el fracaso; sois conscientes de vuestros propios errores, y capaces de aprender de ellos para adaptaros, crecer y evitar que se repitan.

La fortaleza en un líder significa que asume sus responsabilidades, y defiende a los miembros del equipo de críticas injustas o inmerecidas. También significa que a veces tiene que aceptar críticas en nombre del equipo, o en el suyo propio.

Un líder fuerte es digno de confianza porque el equipo sabe que tiene el empuje necesario para luchar por sus intereses. Un equipo fuerte es digno de confianza porque el líder sabe que las críticas se aceptarán como una forma de mejorar, y nadie se las tomará como algo personal.

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Habilidad

Se suele decir que a los funcionarios se les asciende por encima de su nivel de competencia, y esto genera desconfianza y resentimiento.

Los líderes que conocen bien los aspectos técnicos del trabajo y se exigen mucho a sí mismos están mejor preparados para aconsejar bien al equipo y, lo que es aún más importante, para juzgar adecuadamente el esfuerzo de cada uno de sus miembros. El equipo sabe que cuenta con el apoyo del líder si lo necesita.

Cuando el equipo es competente, el líder se puede relajar, porque sabe que el trabajo se hará bien y los objetivos se lograrán.

Credibilidad

La credibilidad es la clave de la confianza. Es evidente que confiamos en aquellos que son dignos de confianza. En otras palabras, si demuestras que se puede confiar en ti, los demás confiarán en ti. ¿Los que te conocen saben si haces todo aquello que dices que vas a hacer?

Es importante ser formal, consistente e inspirar confianza, pero lo fundamental es tener una trayectoria impecable.

Cuando, en una encuesta que realizamos, les preguntamos a los expertos en RRHH cuál era el factor más importante a la hora de generar confianza, el 70% de ellos dijeron que era “la experiencia”. Confiaban en aquellos que habían demostrado ser dignos de confianza en el pasado. Es importante ser formal, consistente e inspirar confianza, pero lo fundamental es tener una trayectoria impecable.

Comunicación

Según los lingüistas, cualquier forma de interacción entre las personas es comunicación. Generar y dar confianza es, por tanto, un acto de comunicación. Todo lo que decimos, escribimos, e incluso lo que callamos aumenta o mengua nuestras reservas de confianza. Es más probable que confiemos en alguien hacia quien sentimos empatía, y la comunicación es la clave para generar empatía. La compenetración, la colaboración, la influencia—todas se basan en una comunicación eficaz.

Es crucial que los líderes sepan ser comunicadores eficaces. Su uso de las herramientas a su alcance determinará el nivel de confianza en ellos.

Es, por lo tanto, crucial que los líderes sepan ser comunicadores eficaces. Su uso de las herramientas a su alcance determinará el nivel de confianza en ellos.

La frecuencia, el nivel de formalidad y el método son los aspectos más sencillos de la comunicación. El tono, los silencios, los sobreentendidos, las suposiciones, lo implícito y lo explícito… Todo eso afecta a cómo nos perciben aquellos con quienes nos comunicamos. ¡Y aún no hemos empezado a hablar de las diferencias culturales!

Conclusión

Este artículo se ha centrado en cómo el liderazgo y la confianza son, en muchos aspectos, interdependientes. Pero no ha entrado en maneras concretas de generar esa confianza—y desconfía de aquel que te diga que se puede lograr siguiendo unos sencillos pasos. Cada líder generará confianza según el contexto concreto en el que se mueva, y los métodos empleados para lograrlo dependerán tanto del líder como del equipo. Sin embargo, estos cinco elementos constituyen un modelo excelente sobre el que empezar a desarrollar líderes eficaces y dignos de confianza.