Vamos a ser sinceros y transparentes. Con ese título, este artículo podría ir por mil derroteros distintos, así que empecemos por lo básico. Las palabras clave son “líder” e “internacional”. La segunda es fácil, nos habla del mundo entero.

Ahora la complicada: “líder”. Usa cualquier buscador para ver definiciones, opiniones, citas e historias y te encontrarás con que internet está abarrotado de interpretaciones de esta palabra omnipresente. Empecemos con una definición de liderazgo en relación con las personas: Es una visión sencilla, limpia y clara, y va directa a la esencia que lo que tiene que hacer un líder si quiere ejercer su influencia sin agresividad.

“Es conseguir que los demás te sigan porque les has convencido de que es lo que quieren hacer”.

Ahora junta los dos conceptos y empezarás a vislumbrar el auténtico reto. ¿Cómo logras convencer a personas con diferentes nacionalidades, culturas, religiones y puntos de vista políticos de que te sigan? El aumento del número de líderes globales eficaces y competentes en las multinacionales, ONGs y otras organizaciones transnacionales demuestra que este modelo de liderazgo tan característico del siglo XXI no solo es factible, sino que está en alza.

¿Qué clase de inteligencia se requiere?

Los baby boomers buscaban líderes “fuertes” e inteligentes. Eisenhower y Churchill habían sido los grandes líderes en los años 40 y 50, pero ya se habían quedado anticuados. El cambio llegó con John F. Kennedy pero, por desgracia, duró poco. Según muchos, fue el primer líder moderno gracias a su aparente empatía y accesibilidad.

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Se podría afirmar que en EE.UU. y el Reino Unido se volvió entonces al modelo anterior de liderazgo, y que fue en la década de los 90 cuando, con la llegada de los señores Blair y Clinton, se dio por fin el cambio a ambos lados del Atlántico hacia un modelo de liderazgo más conectado, empático, comprensivo y amable.

¿El reto? Formarte y formar a los demás para desarrollar la inteligencia emocional y cultural, y usarla para convertirte en un líder global mucho más eficaz.

Su atractivo moderno no se debía solo a sus intelectos, bien preparados y formados. Tenían además un instinto para la inteligencia emocional a la que sus contemporáneos quizá sigan aspirando en secreto a día de hoy.

A principios de 2015, Sodexo, empresa multinacional de servicios y administración de instalaciones, se embarcó en un proyecto para transformar los estilos de liderazgo hacia un modelo más inclusivo. A cargo del proyecto estaba Sunil Nayak, Director General de Transformación. “En el mundo actual,” afirmaba, dejando claras sus intenciones, “el éxito de cualquier líder depende de su capacidad para influir sobre los demás. Si pretendes imponer tú método, sin ser consciente del método del otro, o bien no llegaréis a tomar una decisión, o bien no te aceptarán.”

Esto lo dice todo sobre lo importante que es que el líder del futuro conozca a los que le siguen, y esté al tanto de sus necesidades y de su forma de trabajar. Solo si posee esas capacidades logrará trabajar de forma eficaz en un entorno transcultural.

Auténtico o falso

Perdonad que mire otra vez hacia al pasado, pero en los años 60, 70 y 80 había un hombre que dominaba el mundo del periodismo televisivo en EE.UU. Se llamaba Walter Cronkite.

El liderazgo global no empieza con el Consejero Delegado, el Primer Ministro, el Presidente, el Rey o la Reina.

Cronkite tenía facilidad de palabra, una cara agradable, que inspiraba confianza, y una conexión tangible con el inmenso público de las noticias. Se jubiló oficialmente en 1981, pero siguió trabajando, realizando entrevistas y hablando con el público. Fue un verdadero líder en el mundo de las noticias y la información, conocido y respetado a nivel global. Muchos le llamaban “Tío Walter”, y atribuían su credibilidad a su forma de hablar. Se había acostumbrado a sí mismo a hablar a un ritmo de 124 palabras por minuto, 40 menos que el estadounidense medio, para asegurarse de que se le entendiera clara y fácilmente.

Pero no era ese su secreto. Su éxito como líder en el mundo del periodismo informativo se debió a su inteligencia emocional, que le ayudó a entender a su público, los temas sobre los que informaba, y las personas a las que entrevistaba. Se acercaba a ellos y les escuchaba, y comprendía más de lo habitual, y todo gracias a que se había dado cuenta de que la clave estaba precisamente en comprender.

“El liderazgo debería surgir del conocimiento de las necesidades de los que van a ser liderados.”

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Una vez le preguntaron: “Señor Cronkite, ¿cuál era su secreto?” Su respuesta fue graciosa, pero excesivamente modesta. “Bueno,” dijo, “se lo diré. La sinceridad. Si eres capaz de fingirla, conseguirás que te cuenten cualquier cosa”. Muchos afirman que esta respuesta tan graciosa era en realidad un ejemplo característico de la humildad de un hombre que claramente conectaba con las personas porque se esforzaba por comprenderlas, sin importar quiénes eran ni de dónde venían.

Este es posiblemente el secreto de los líderes cuyo éxito no se limita a un territorio o a una cultura. Acercarse. Escuchar. Comprender. Interesarse.

El liderazgo global no empieza con el Consejero Delegado, el Primer Ministro, el Presidente, el Rey o la Reina. Empieza con nuestra próxima generación de líderes, niños, adolescentes, universitarios y jóvenes empleados. Y se propaga cuando aquellos que tienen en su mano moldear actitudes y mentalidades les trasmiten este sencillo concepto:

“El liderazgo debería surgir del conocimiento de las necesidades de los que van a ser liderados.”

¿El reto? Formarte y formar a los demás para desarrollar la inteligencia emocional y cultural, y usarla para convertirte en un líder global mucho más eficaz.