Todos hemos estado de vacaciones en algún sitio del que no queríamos volver. El clima perfecto, la comida distinta y maravillosa, el hotel de lujo, la gente agradable… Nos sentíamos, estábamos y se nos veía más relajados y llenos de energía.

Cuando oímos hablar de un expatriado al que le gusta tanto la vida en el extranjero que no quiere volver a casa, reaccionamos con escepticismo. Las vacaciones son fabulosas precisamente porque rompen con la rutina diaria. Pero es muy posible que estemos equivocados: cada vez hay más personas “enganchadas” a los destinos internacionales.

Un destino internacional nos da nuevas perspectivas

Si hablas con cualquiera que lea solo un periódico, empezarás a notar cierto sesgo: lo normal es que vea las noticias desde un punto de vista único, que además suele coincidir con el del editor del periódico. Para poner a prueba esta teoría, no tienes más que coger cualquier periódico un poco sensacionalista y leerte las primeras cinco páginas. Luego repite la operación con el de tendencia política opuesta. A menudo, parece como si existieran en universos paralelos.

Si aplicamos esta teoría al lugar donde vivimos, empezamos a entender la naturaleza aparentemente adictiva de un puesto en el extranjero. Si nunca sales de tu país, o incluso de tu ciudad, te va a resultar complicado ampliar tu visión, no solo a la hora de entender otros países, sino también el tuyo propio.

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¿Te gustaría conocer a fondo Alemania? No leas sobre ella, ve a pasar una semana o más y conoce a los alemanes. Lee su prensa y habla con ellos de lo que está pasando en el mundo. Casi con toda seguridad, te aportarán una visión distinta.

La perspectiva es sana, y es una de las cosas que contribuye a que vivir en otro país sea una experiencia fascinante.

Los expats tienen ganas de cambiar

Vivir en un país distinto al tuyo puede suponer un reto, y un buen expat aprende muy rápido que, al principio, debe escuchar más que lo que habla. En países como India, Australia, y China, es fácil darse cuenta de que, al llegar, lo importante es escuchar y absorber. Tus opiniones no importan; lo importante es conocer las opiniones y puntos de vista de la población local.

Los retos también pueden ser adictivos, y vivir en el extranjero nos da muchas oportunidades para satisfacer esa adicción. Un destino internacional enriquece y desarrolla las aptitudes de aquellos que deciden ampliar sus perspectivas.

En los Emiratos Árabes Unidos, no tarda uno mucho en ver lo lenta que va la burocracia. Incluso el proceso más sencillo puede resultar muy frustrante. Esto es una característica cultural que se da como resultado de la importancia de las estructuras jerárquicas y del instinto de pasar las decisiones hacia arriba. Es comprensible, pero al expat le exige flexibilidad, tanto para entender el sistema como para aprender a manejarse dentro de él.

Aquellos que busquen una inmersión cultural estarán más dispuestos a enfrentarse a este tipo de dificultades. Los retos también pueden ser adictivos, y vivir en el extranjero nos da muchas oportunidades para satisfacer esa adicción. Un destino internacional enriquece y desarrolla las aptitudes de aquellos que deciden ampliar sus perspectivas.

Un destino internacional te ayuda a traer a casa una visión global

Algunos expats acaban volviendo a su país. Puede ser cuando les toca jubilarse, o porque sencillamente lo echan tanto de menos que al final no se pueden resistir. Sea por lo que sea, lo que es cierto es que el “ex-expatriado” suele ser capaz de ver el mundo a través de una mirada mucho más amplia y empática.

La expresión “Antes de juzgar a un hombre, camina una milla en sus zapatos” surge de un poema de finales del siglo XIX que era un llamamiento a la empatía. El hecho de vivir en otra cultura y esforzarse—aunque solo sea un poco—por comprenderla, enseña al expat a ser más comprensivo, y ese aprendizaje le acompañará el resto de su vida.

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El reto que supone un nuevo puesto

Uno de los principales atractivos de un destino en el extranjero y es la responsabilidad y el alcance del nuevo puesto. El trabajador que está destacado en un puesto internacional suele tener mucha más independencia y capacidad de decisión, y es probable que su trabajo sea mucho más variado. La perspectiva de volver a casa, a un puesto mucho más mundano, donde va a estar controlado más de cerca por su jefe, hace aún más atractiva la idea de aceptar otro destino internacional.

Conclusión

Cada uno tiene distintos motivos para “engancharse” a la vida como expatriado. Los que hemos vivido experiencias positivas probablemente nos habremos implicado en la cultura y con la gente, lo cual habrá servido no solo para desarrollar nuestra carrera, sino para enriquecer nuestra visión del mundo.

El dinero, el cambio, la novedad, la gente nueva e interesante, lo distinto: todo esto forma parte de la experiencia. Sin embargo, lo que hace que los expatriados se quieran quedar en el extranjero es el deseo, consciente o inconsciente, de ver el mundo con una mirada distinta.

Los clichés del pasado se pueden enterrar por fin. El expat del siglo XXI no se limita a mojar la punta del pie en otras culturas. Está dispuesto a tirarse de cabeza.