Aunque es cierto que las empresas se esfuerzan por medir todos los indicadores clave, hay uno—posiblemente el más importante—que se les escapa: el factor cultural. El impacto de la cultura sobre los negocios a nivel global es inmenso, pero es prácticamente imposible de medir, al menos con objetividad. No obstante, sería un gran error por parte de las organizaciones no reconocer su importancia.

¿Qué es el factor cultural?

Las normas no escritas de comportamiento y comunicación que rigen un grupo concreto constituyen su cultura. Estas normas no escritas definen lo que se considera correcto, aceptable, adecuado y normal dentro de ese grupo—declarando por tanto distinto y anormal todo lo que no se ajuste a esas normas.

Aunque la cultura se suele asociar a las características nacionales, lo cierto es que las organizaciones también tienen culturas muy definidas. Y si no se tiene en cuenta el factor cultural, lo más probable es que surjan conflictos.

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El conflicto cultural

El conflicto cultural surge cuando en un grupo establecido aparece una persona de fuera, ya sea:

  • Alguien que llega de un país extranjero
  • Una nueva incorporación
  • Un equipo que se incorpora para trabajar en un proyecto internacional

Aparecen diferencias en valores, actitudes y conductas que hacen que las dos culturas parezcan incompatibles y, dado que la cultura suele ser un elemento invisible, la tensión suele ir rápidamente en aumento y desembocar en un conflicto.

Las diferencias en cuanto a prioridades, toma de decisiones y actitud hacia el estatus y la jerarquía suelen ser el tipo de factores culturales que más conflictos causan dentro de las empresas.

El factor cultural afecta a todos los aspectos del trabajo, pero si analizamos cada uno por separado podremos encontrar formas de desarrollar una mentalidad más global. Esto es especialmente importante en el caso de los expertos en movilidad internacional, cuya misión es organizar los destinos en el extranjero.

Estatus y jerarquía

En las culturas jerárquicas como Francia o China, o en empresas tradicionales como un gran banco, la toma de decisiones se suele concentrar en una sola persona. El líder podrá consultar en privado con sus consejeros, pero las decisiones las toma él.

Cuando convoca una reunión, informa al equipo de una decisión que ya está tomada, por lo que la discusión será mínima.

Es probable que un ingeniero danés que trabaje en China se sienta poco valorado, ya que, a menudo, su opinión se verá ignorada.

En otras sociedades más igualitarias como Dinamarca o Australia, o una empresa de ingeniería, el líder toma las decisiones tras comentarlas y debatirlas a fondo. Y es muy posible que el que decida sea un experto en la materia, y no el líder más senior.

En cualquier reunión, el equipo completo debate las opciones disponibles, y cada persona aporta su punto de vista. Los miembros del equipo no dudan en mostrarse en desacuerdo con el líder, cuya misión es actuar como moderador e implementar la solución que el grupo haya elegido por consenso.

Un banquero francés que colabore regularmente con una empresa danesa sentirá que le faltan al respecto constantemente, al cuestionar sus decisiones sin cesar. Es probable que un ingeniero danés que trabaje en China se sienta poco valorado, ya que, a menudo, su opinión se verá ignorada.

Tiempo y puntualidad

En el norte de Europa son mundialmente conocidos por su puntualidad. Para ellos, llegar puntual es una forma de indicar que valoras y respetas al otro. La jornada laboral se organiza en períodos de tiempo bien definidos para cada tarea, y es poco común hacer varias cosas a la vez. Las interrupciones durante una reunión o discusión son muy infrecuentes.

La visión del tiempo de las culturas mediterráneas es mucho más flexible.

El tiempo no es lineal, es más bien una serie de círculos que se solapan para responder a cada situación.

Esto significa que esa reunión que estaba programada para las 10:00 empezará un poco tarde si surge un imprevisto. Hacer varias cosas a la vez es la única forma de avanzar, porque es necesario compatibilizar varios proyectos y tareas. Es prioritario terminar las cosas, pero las prioridades pueden ir cambiando.

Probablemente, a un griego, un alemán le parecerá inflexible e incapaz de adaptarse a las exigencias cambiantes de la empresa moderna. Demasiado obsesionado con la hora para disfrutar del proceso. A un finlandés, un italiano le parecerá caótico, desorganizado e irrespetuoso por no cumplir con el horario previsto.

La cultura vista como un factor positivo

La cultura casi siempre se ve como algo negativo, fuente de diferencias y conflictos. Y ese es un aspecto que no debemos ignorar. Pero el factor cultural también puede ser positivo. Las organizaciones que sepan aprovechar la diversidad para enfrentarse a la resolución de problemas y a la gestión de proyectos serán más innovadoras y creativas.

Conocer las distintas perspectivas culturales ayuda a los vendedores a comprender mejor a sus clientes, a los expertos en RRHH a gestionar con más empatía los problemas de personal, a los líderes a potenciar el rendimiento de sus equipos y a los desplazados internacionales a sacar el máximo partido al destino.

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Gestionar con éxito las diferencias culturales

Las organizaciones que aprendan a gestionar con éxito las diferencias culturales serán las que manejen bien el factor cultural. Para lograrlo, hay que seguir estas cuatro sencillas pautas:

1. Ser conscientes

Es importante averiguar todo lo que podamos tanto sobre la cultura del otro como sobre la nuestra. Debemos aprender a usar las diferencias culturales a nuestro favor.

2. Ser abiertos de miras

Enfrentarnos a las diferencias nos obliga a aceptar que lo que es normal para nosotros quizá no lo sea para otros. Nuestra forma de hacer las cosas no siempre es la única o la mejor. Ser abiertos de miras nos ayuda a ver que se puede llegar a un mismo destino por caminos distintos.

3. Ser flexibles

Debemos esperarnos lo inesperado y aprender a adaptar nuestras pautas de trabajo a las preferencias culturales de los demás.

4. Saber poner límites allí donde haga falta

De vez en cuando nos encontraremos con situaciones en la que no nos quedará más remedio que establecer límites. Intenta anticiparte a ellas para poder ir preparando a la otra parte.

La cultura es clave

Las organizaciones que se muestran dispuestas a aprender de las diferencias culturales son un entorno laboral mucho mejor para una plantilla diversa. Además, colaboran mejor con otras organizaciones, sobre todo aquellas con distintos orígenes culturales.