Todos recordamos a esos profesores inolvidables de nuestros años de colegio. Los que eran capaces de inspirarnos, de lograr que fuéramos a clase con ganas y no nos importase hacer los deberes. Profesores excepcionales que convertían su asignatura en un mundo de maravilla, imaginación y sorprendentes revelaciones. ¿Cómo lo hacían?

La experiencia del usuario lo es todo

Sencillamente, le dedicaban tiempo y esfuerzo a descubrir cómo llegar a sus alumnos, buscando una conexión que tuviera sentido para ellos. Encontraban la manera de captar la atención de su público, y remataban la tarea con una presentación de contenidos que conseguía transformar la lección en “experiencia”.

Los estudios de investigación sugieren que cuando un niño se implica en un “acto participativo”, su percepción de si le ha merecido la pena participar, o de si lo ha hecho con éxito, es clave en la formación de hábitos y en su disposición a implicarse en el futuro (Lawson y Lawson, 1998).

¿Por qué, entonces, al adentrarnos en el mundo profesional, se nos olvida que la experiencia del usuario y el nivel de implicación son lo que hace que se logre el aprendizaje? El 66% de los responsables de Formación y Desarrollo afirman que les está costando mucho lograr que los trabajadores se involucren en las iniciativas de formación corporativa.1

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Esto es preocupante porque, para que un programa de formación sea eficaz, es crucial que el alumno se implique. Y aunque los instructores, formadores y profesores desempeñan un papel fundamental a la hora de generar entusiasmo y establecer una conexión entre el alumno y el conocimiento, actualmente se está mejorando la experiencia del usuario a través de medios que no se reducen a un formador perspicaz y empático.

La voluntad de aprender

El 66% de los responsables de Formación y Desarrollo afirman que les está costando mucho lograr que los trabajadores se involucren en las iniciativas de formación corporativa.

Las empresas de formación y desarrollo cada vez evolucionan más hacia las sesiones online y a demanda, y van sustituyendo a los formadores de carne y hueso con portales online, formadores remotos, itinerarios pedagógicos y buscadores eficaces. Este cambio facilita a los trabajadores el acceso a la formación, reduce los costes y le proporciona al alumno los recursos necesarios para hacerse con el control de su propio aprendizaje. Ese control es decisivo en la experiencia del usuario.

Una de las consideraciones clave para lograr una experiencia positiva es el contexto, que debería optimizarse para cada usuario. A menudo coexisten varias generaciones dentro de la empresa, organizadas en tres grupos: primero, RRHH, que necesita que la formación sea fácil de gestionar; después, los gestores de equipos, que necesitan que les ayude a gestionar el rendimiento y facilitar el desarrollo y la colaboración; y, por último, los trabajadores, que necesitan poder acceder cuando quieran a contenidos relevantes según sus necesidades individuales. Los 20 minutos del trayecto en autobús son un momento excelente para formarse, y se pueden aprovechar gracias a un dispositivo portátil combinado con la voluntad de aprender. Es el paradigma de la experiencia moderna y positiva del usuario.

Prueba la “experiencia positiva del usuario”, a ver qué tal

Con la presencia cada vez mayor de los Millennials, la composición de la población activa ha cambiado radicalmente. Esto, en paralelo con los avances en aplicaciones móviles, contenidos de vídeo, aprendizaje automático y tecnologías de colaboración social, está influyendo en la forma de pensar de las empresas. Estas se plantean ya la necesidad de usar un software de gestión del talento que resulte interesante y fácil de usar, que es a lo que el trabajador está acostumbrado como consumidor.

El 96% de los CEOs son conscientes de que, por encima de otros factores como eficiencia, relevancia e incluso rendimiento de la inversión, el factor más importante en el éxito del alumno es el impacto.2

Todo apunta a que el secreto está en captar y mantener la atención del alumno, así que, ¿cómo lo conseguimos? ¡Necesitamos un buen sastre!

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Si alguna vez te has hecho un traje a medida, ya sabes lo agradable que es tener algo hecho especialmente para ti. Te queda perfecto y te da seguridad en ti mismo. La formación a medida puede tener el mismo efecto en el alumno sólo con dar una respuesta precisa a sus necesidades. Nadie quiere que su formación se parezca a un traje que le queda como un saco.

Extracurricular = Implicación positiva = Programas de formación eficaces

El investigador George Kuhn, especializado en el estudio del rendimiento académico, ha recogido una gran cantidad de datos que demuestran que cuando el alumno se implica más, el impacto puede ser extraordinario. Una mayor implicación, según los datos de la NSSE, tiene un impacto positivo sobre la retención del contenido, el éxito académico y el logro de los objetivos de aprendizaje (Kuh, 2003).

El 96% de los CEOs son conscientes de que, por encima de otros factores como eficiencia, relevancia e incluso rendimiento de la inversión, el factor más importante en el éxito del alumno es el impacto.

Si alguna vez te has involucrado en algo relacionado con tu actividad profesional, pero que no formara parte de tus funciones o responsabilidades directas, seguro que la experiencia te provocó una respuesta emocional tangible (positiva o negativa).

¿Seguiste implicándote? ¿Por qué percibiste la experiencia como positiva o negativa? ¿Fue cuestión del beneficio que te reportaba, o de tu percepción de tu propia competencia? Las experiencias de aprendizaje pueden ser fundamentales a la hora de sentar las bases de los hábitos futuros y de la confianza en uno mismo. Después de todo, si el 43% de los profesionales buscan formación fuera de su empresa al menos la mitad de las veces, tiene que ser por algo.3

Un programa eficaz de formación corporativa

Hoy en día, el formador puede ser cualquiera, desde una persona de carne y hueso en un aula hasta una plataforma digital disponible en cualquier momento y lugar. La clave del éxito de cualquier modelo de formación reside en su capacidad para percibir lo que quiere el alumno a nivel individual y luego impartirlo de forma que se establezca una conexión.

El aprendizaje positivo se ve impulsado por las experiencias de consumo y colaboración, diseñadas en torno a las necesidades del trabajador y accesibles cuando y como quiera el alumno.

Es crucial que nos demos a nosotros mismos luz verde para abandonar los modelos antiguos, como los contenidos y modelos de aprendizaje estándar. Prueba un sistema de formación que “escuche” tus necesidades y responda a ellas con contenidos no sólo relevantes, sino fáciles de entender y adaptados a tu forma de aprender. Si lo haces, lo más probable es que tu programa de formación corporativa se convierta en una experiencia eficaz y positiva para el usuario.

1Bersin by Deloitte, Three Marketing Lessons for Learning and Development (webinar), 9/2014
2ATD / ROI Institute, Measuring What Matters: How CEOs View Learning Success, 12/2010

 3SkilledUp, Who  Chooses Professional Training: The Real Story, 3/2015