En el colegio y en la universidad, los conocimientos tienen valor en sí mismos, y el éxito del alumno se mide puramente en términos de resultados académicos. Pero en la formación de idiomas corporativa, la excelencia no se alcanza a través de un examen final, sino usando el idioma objetivo en situaciones reales, tanto profesionales como personales. Y aquí, el éxito significa algo distinto para cada alumno.

Por eso es tan importante que los contenidos y actividades de los cursos de idiomas corporativos sean personalizados, a la medida de cada persona. Para esto, hace falta conocer no solo los objetivos de aprendizaje de cada alumno, sino también su particular estilo de aprendizaje.

Para que un curso de formación tenga éxito de verdad, tanto formadores como alumnos tienen que tener en cuenta el estilo de aprendizaje. Conocer su estilo de aprendizaje particular puede ayudar al alumno a:

  • Aprender más fácil y rápidamente
  • Ser autónomo e independiente
  • Desarrollar la confianza
  • Identificar sus objetivos y ceñirse a ellos

El formador, por otro lado, debe saber cómo se adapta cada estilo de aprendizaje a sus alumnos para elegir las actividades y materiales más productivos e impartir las sesiones lo más eficazmente posible.

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¿Los estilos de aprendizaje sensorial son un mito?

A lo largo del último siglo, el debate en torno a los estilos de aprendizaje se ha centrado principalmente en los sentidos. Se nos ha categorizado básicamente como alumnos auditivos, visuales, lectoescritores y kinestésicos.

La idea es que algunos aprendemos mejor a través del oído, otros de la vista, otros de la lectura y otros del movimiento y la manipulación de objetos.

Esta idea la popularizó el doctor Neil Fleming, que desarrolló un cuestionario de 16 preguntas para averiguar en qué categoría encajaba cada alumno.

Lo positivo es que este esquema ha servido para diversificar las actividades en el aula a lo largo de las últimas décadas. Una clase típica incluye ahora contenidos de vídeo y audio y aprendizaje por tareas, además del material tradicional que contienen los libros de texto.

Sin embargo, la teoría de los estilos de aprendizaje sensorial también se ha visto desacreditada muchas veces.

Los estudios actuales sugieren que adaptar las actividades y materiales a las preferencias sensoriales es menos importante que escoger el enfoque sensorial que mejor se adapte al contenido. Y, desde luego, no parece muy lógico adaptar ciertos contenidos a todo tipo de medios.

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Como señala Olga Khazan en The Atlantic Monthly, “la mayoría de las tareas a las que nos enfrentamos se adecúan solo a un tipo de aprendizaje. Es imposible visualizar, por ejemplo, un acento francés perfecto.”

Algunos expertos también cuestionan la idea de que cada alumno se identifique con un estilo de aprendizaje sensorial único.

Howard Garner, en su teoría de las Inteligencias Múltiples (MI), sostiene que la forma de percibir la información importa menos que la capacidad o “inteligencia” necesaria para procesarla una vez percibida.

Otro escritor compara los cuatro estilos de aprendizaje sensorial con “herramientas” que todo alumno debería tener en su “caja” para usar según convenga, dependiendo de cuál se adapte mejor al contenido.

Tanto Khazan como Garner aconsejan abandonar el concepto de los estilos de aprendizaje sensorial y personalizar el aprendizaje al máximo. Para Gardner, esto supone “averiguar lo máximo posible sobre cada alumno, y enseñar a cada persona del modo que les resulte más cómodo y eficaz.”

En este caso, ¿qué clase de características debemos buscar a la hora de diseñar sesiones, materiales y actividades a la medida de las necesidades de cada alumno?

Hay que tener en cuenta la brecha generacional

Si tenemos en cuenta que la comunicación es crucial para el aprendizaje, tiene sentido que el estilo individual de aprendizaje de cada persona esté vinculado a los códigos de comunicación que prefiere. Los estudios realizados por la Asociación Profesional de Recursos Humanos indican que las preferencias de comunicación de cada uno tienen mucho que ver con la generación a la que pertenece.

Los estudios actuales demuestran que los millennials prefieren interactuar por medio de mensajes instantáneos/de texto o email, mientras que los nacidos antes de 1980 se decantan por los mensajes de voz, las llamadas, las cartas y la interacción cara a cara.

Asha Pandey sugiere en la web de eLearning Industry que los métodos de comunicación que preferimos afectan sin duda a nuestro estilo de aprendizaje. Y, teniendo en cuenta que para 2025 constituirán el 75% de la población activa, tiene sentido centrarse en el estilo de comunicación de los millennials.

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Las generaciones de más edad se sienten más cómodas avanzando tema a tema en un libro de texto impreso. Los millennials, sin embargo, son más eficaces si la formación contiene microaprendizaje y contenidos en formato vídeo, y se puede acceder a ella a través de sus dispositivos personales.

“Aunque una estrategia tradicional de formación de idiomas funcionará bien con la generación del Baby Boom y la X,” sostiene Pandey, “los millennials responden mejor a la formación personalizada.”

Una vez que asumimos que los millennials prefieren la formación personalizada, todavía tenemos que preguntarnos: ¿es esta una manera eficaz de aprender idiomas?

Es posible que la capacidad de atención de los millennials sea escasa, que sufran adicción a las pantallas y que estén obsesionados con las redes sociales, y que todo esto afecte a su estilo de aprendizaje. Sin embargo, los estudios sugieren que los métodos de aprendizaje que prefieren de hecho son extremadamente eficaces, sobre todo cuando se trata de aprender idiomas.

Dosis pequeñas

A diferencia del modelo tradicional, en el que los deberes exigían sentarse alrededor de una hora a hacer ejercicios, los millennials prefieren las actividades en pequeñas dosis, que les exigen unos 3-7 minutos y pueden realizar desde cualquier dispositivo móvil, como un smartphone o una tablet.

El microaprendizaje no solo le permite al alumno corporativo que encaje el autoestudio en su ajetreada agenda, sino que además aumenta la transferencia de información en un 17%.

En lo que respecta al retorno de la inversión, el uso eficiente del tiempo es otro aspecto importante del microaprendizaje. Según un estudio, los millennials miran el teléfono una media de 150 veces al día. Si añadimos el aprendizaje de idiomas a la lista de obligaciones de nuestros trabajadores, ¿no parece lógico incorporarlo a algo que hacen 150 veces al día de todos modos, en lugar de pedirles que intenten bloquearse tiempos más largos para dedicarlos al idioma, aumentando aún más el nivel de presión?

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Al alumno moderno le encanta el vídeo

No es ningún secreto que los millennials prefieren los vídeos a la lectura. De hecho, el 59% de los directivos senior reconocen que prefieren ver un vídeo que leer un texto con el mismo contenido. En el caso de los millennials, es posible que esto se deba en parte al hecho de haber crecido delante de la tele, pero hay argumentos pedagógicos sólidos a favor del videoaprendizaje.

Los estudios demuestran que, de media, una persona recuerda el 95% de los contenidos transmitidos en formato vídeo, frente al 10% que retiene si los lee en un texto. Para quienes están aprendiendo un idioma, el impacto del vídeo es el máximo posible, ya que no solo incluye vocabulario, sino también pronunciación, entonación, contexto y, en el caso de los materiales reales, cultura.

La clase del revés

La metodología flipped classroom permite al alumno enfrentarse a contenidos nuevos a través de las actividades de autoestudio que realiza con antelación a la sesión con el formador. Esto maximiza el impacto de la sesión, ya que el alumno ya ha “calentado motores” y llega a la clase listo para participar más a fondo. Tras la sesión, consolida lo aprendido con actividades de seguimiento.

Los métodos de enseñanza tradicionales, desarrollados antes de la era Google, parten de la base de que al alumno le va a costar enfrentarse a los contenidos si no cuenta con la ayuda de un formador.

Como resultado de esto, se dedican valiosos minutos de clase a presentar contenidos que el alumno podía haber visto en vídeo o a través de una actividad online antes de la sesión.

Pero, ya sea porque se creen que está de vuelta de todo o porque tienen una fe ciega en Google, los millennials se sienten cómodos enfrentándose a lo desconocido. Por eso la metodología flipped classroom les permite brillar especialmente. Y además de ser más atractivo para ellos, la inversión en formación de idiomas de las empresas resulta más rentable, ya que se maximiza el impacto del tiempo de clase.

¿Cómo afectan los estilos de aprendizaje a la formación de idiomas corporativa?

El estudio de los estilos de aprendizaje sensorial ha ayudado a diversificar los materiales y actividades de formación a lo largo del último siglo. El conocimiento del aprendizaje kinestésico, por ejemplo, ha provocado el desarrollo del aprendizaje basado en tareas y los juegos en el aula.

Sin embargo, como hemos visto, el éxito de estas actividades tiene más que ver con la adecuación del modo al tipo de contenido que con las preferencias sensoriales del alumno. Como escribe Olga Khazan, el concepto de los estilo de aprendizaje sensorial “puede que nos sirva para aprender más sobre nosotros mismos, pero tal vez no nos sirva para aprender.”

Conocer los estilos de aprendizaje de cada generación, por otro lado, sí que nos ayuda a entender cómo procesa la información el alumno moderno y, en particular, el millennial. También nos ayuda a ver cómo encajar la formación en nuestras ajetreadas vidas profesionales con el máximo impacto. Los modos de impartición, como el microaprendizaje, los contenidos vídeo y la metodología de flipped classroom ayudan a diversificar y personalizar la formación en los cursos de idiomas para conseguir que cada alumno encuentre el ritmo, el modo y los contenidos que mejor se adapten a sus necesidades.