Aunque sabemos mucho sobre cómo funciona el aprendizaje, quedan aún muchos misterios por resolver. Aunque cuando se trata de formación de alto impacto, sabemos que la gamificación está pegando fuerte. Pero, ¿qué es exactamente?

Desciframos la gamificación

El juego y los elementos lúdicos llevan ya bastante tiempo integrados en la formación, y aquí vamos a explicar, en pocas palabras, qué significa todo esto.

La gamificación en el aprendizaje consiste en el uso de mecánicas de juego para ludificar los contenidos y así atraer a los usuarios y alumnos, potenciando y recompensando el uso.

Qué frase tan larga y tan densa, ¿verdad? Vamos a desentrañarla y a explicar por qué los elementos de juego en la formación son más que un juego de niños—gracias a ellos, el aprendizaje se vuelve mucho más eficaz.

El término gamificación se acuñó en 2002, pero el concepto lleva rondando unos 40 años.

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La gamificación: una apuesta segura

¿Alguna vez has apostado en el casino? Puede que no, pero sabrás que hay ciertos elementos del juego en el casino que funcionan como incentivos psicológicos a la participación y nos hacen seguir apostando.

Para aumentar la participación del alumno y la colaboración en equipo, muchas empresas están incorporando este tipo de incentivos a sus programas de formación. Por ejemplo, el uso de normas, principios y victorias relacionadas con el juego en un contexto no lúdico para visualizar el progreso y animar y motivar al alumno.

Esto aumenta el tiempo dedicado al aprendizaje, la colaboración entre alumnos y la retención de conocimientos, e incentiva al alumno a que contribuya activamente a la formación gracias a que le hace responsable de su propio desarrollo profesional.

¿Mucho trabajo y nada de diversión?

La gamificación no exige el uso explícito de juegos reales o de una idea preconcebida del juego.

Lo que la gamificación sí hace es reflejar lo que el diseño e implementación bien ejecutados de las experiencias de juego nos dicen sobre el comportamiento humano y la participación.

Lo que sí hace es reflejar lo que el diseño e implementación bien ejecutados de las experiencias de juego nos dicen sobre el comportamiento humano y la participación.

Piensa en tu día a día y los retos a los que te enfrentas. Profesionales o personales, individuales o sociales, competitivos o colaborativos, obligatorios u optativos. Muchos elementos en nuestra vida cotidiana se ven afectados por los mismos principios que rigen el diseño actual de los videojuegos y los juegos de mesa. Con eso en mente, intenta ver la gamificación así: una forma de diseñar la interacción humana.

Prestad atención, chicos…

Si no te supone un trauma, acuérdate de cuando estabas en el colegio y los profesores usaban un sistema de recompensas para premiar los logros. En ese momento dejaban de ser simples educadores.

Poner en marcha una estructura de recompensas bien planificada en la que entregaban merecidos premios como una pegatina, un diploma o una chuchería les convertía en algo más parecido a un diseñador de juegos.

La última tendencia en el mundo empresarial incorpora elementos del mundo de los juegos al mundo real. Un informe publicado por Pew Research Center habla de la gamificación como un diseño interactivo online que saca partido al instinto competitivo del alumno y a menudo incluye recompensas para fomentar la acción.

Estas recompensas incluyen pagos, puntos, descuentos, insignias y regalos, e indicadores de estado como retweets, puntuación de amigos, logros, clasificación y barras de estado.

Con repeticiones que nos recuerdan a nuestras mejores y más satisfactorias clases gamificadas, las empresas están adoptando la gamificación en áreas como Recursos Humanos, Marketing, Formación, Sostenibilidad, Productividad, Innovación, Fidelización del Cliente y Salud y Bienestar.

¡A jugar!… para un aprendizaje eficaz

Los mismos principios que hacen que un juego tenga éxito y sea atractivo y motivador se pueden aplicar para lograr que el alumno se implique.

Al incluir elementos del juego en los programas de formación corporativa, le damos al alumno la posibilidad de aplicar los conocimientos adquiridos a situaciones reales sin distraernos en absoluto del objetivo final de aprendizaje.

Si aplicamos esta idea a las técnicas actuales de impartición de formación, como los programas online o el microaprendizaje, lograremos que el alumno se implique y participe con más entusiasmo.

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Querrá compartir, votar, publicar, descargar, valorar e interactuar en general. Prácticamente desaparece cualquier sensación de experiencia didáctica, y esto crea una experiencia de aprendizaje que absorbe al alumno. ¿Quién puede negar que aprendemos mejor cuando queremos aprender?

Piensa en los programas de formación de tu empresa, sobre todo aquellos que no despiertan mucho entusiasmo entre los alumnos. La gamificación puede aumentar significativamente la participación, y no solo en los procesos de aprendizaje sino también, por ejemplo, en las funciones del departamento de RRHH.

Ahora imagina las ventajas que las posibilidades de interacción que brinda la gamificación podrían aportar en la gestión del rendimiento y la selección de personal.

Venga, reconócelo. Te encanta jugar. Quién nos iba a decir cuando éramos jóvenes y todavía jugábamos al Twister sin temor a hacer el ridículo que lo que nos motivaba a jugar de niños podría motivarnos a aprender mucho después de dejar de comportarnos como niños.

Después de todo, cuando se trata de aprender, jugar es un asunto muy serio.