¿A qué te dedicas en realidad todo el día en la oficina? Sospecho que la respuesta quizá no coincida del todo con cómo les describes tu trabajo a tu familia y amigos. Y no pretendo insinuar que les estés engañando, pero lo cierto es que realizamos muchas menos tareas técnicas de lo que pensamos. La mayor parte de nuestro tiempo no lo dedicamos a aplicar nuestra carísima educación ni nuestra amplísima experiencia técnica. Dedicamos el tiempo a hacer uso de habilidades en las que a nadie se le ha ocurrido formarnos: las habilidades personales.

Las habilidades: la base de la educación

No nos debería sorprender. El antiguo mantra de los pedagogos era “lectura, escritura y cálculo”; en otras palabras, el doble de tiempo dedicado a las habilidades de comunicación que a las técnicas. Es lógico.

La mejor idea del mundo no sirve de nada si no somos capaces de comunicársela a los demás. Por eso, un gran inventor debe tener empatía y ser capaz de influir, persuadir, aceptar la opinión de los demás, pensar críticamente, resolver problemas…

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Es evidente que los conocimientos técnicos son esenciales. Angelina Jolie es una gran actriz y una comunicadora excepcional, pero si me duele una muela, me voy al dentista.
Pero acuérdate de cómo conseguiste este trabajo. Seguramente tuviste que entregar un currículum y una carta de presentación, y después asistir a una entrevista. Tus habilidades técnicas solo se pusieron a prueba una vez que ya tenías el puesto; las habilidades que marcaron la diferencia fueron las que te sirvieron para comunicar que poseías esas habilidades técnicas. Tu currículum y la entrevista demostraron tus habilidades personales.

Evidentemente, se da por hecho que lo que pone en el currículum es todo cierto—o casi. Si Angelina Jolie solicitara trabajo como dentista, el entrevistador se daría cuenta de su falta de formación, independientemente de lo bien que se expresase. Sin embargo, partiendo de la base de que estamos bien cualificados para el puesto al que optamos, lo que nos ayuda a destacar es nuestra habilidad de comunicación.

Nuestras habilidades son nuestra reputación

Un informe claro, conciso y bien redactado tiene muchas más probabilidades de causar buena impresión.

Lo mismo se aplica a nuestra progresión profesional. Se sabe que, técnicamente, estamos cualificados. Es más, quizá tengamos un talento excepcional en nuestro ámbito. Pero, ¿qué es lo que hará que la alta dirección se fije en nosotros? Nuestra presencia, nuestra forma de interactuar, nuestro modo de enfrentarnos a situaciones complicadas.

Muchas veces, los directores nos conocen solo a través de los informes que escribimos. Si son densos y complicados, y hace falta estar especializado en análisis de texto para comprenderlos, los demás quizá den por hecho que no tenemos don de gentes o somos un poco aburridos. Un informe claro, conciso y bien redactado tiene muchas más probabilidades de causar buena impresión.

Desarrollar nuestro perfil de habilidades de cara al futuro

La población activa actual ha sufrido el que posiblemente sea el cambio más grande—y sin duda el más rápido—de la historia en cuanto a prácticas profesionales. Con el email y el software de conferencias online, se nos exige siempre una respuesta inmediata.

Podemos acceder a información de todo tipo sin necesidad de pedirle a nadie que nos la consiga. Analizamos opciones, tomamos decisiones e implementamos medidas en el tiempo que tardaban las generaciones anteriores en encontrar a alguien capaz de mecanografiar una nota pidiendo sugerencias para resolver la crisis que tenían entre manos.

El desarrollo de las habilidades personales

Desarrollando las habilidades necesarias para alcanzar el éxito en el entorno laboral actual

Al redactar un email, debemos tener en cuenta que competimos por captar la atención del destinatario y queremos que recuerde la información, así que es importante no dar demasiados datos, ni incluir demasiados detalles, ni usar demasiadas palabras.

Las habilidades de comunicación virtual son las más ignoradas e infravaloradas del siglo XXI. A principios del nuevo milenio se pusieron de moda las clases de “netiqueta” o buena educación en la red, pero muy pocos hemos dado el paso de modificar nuestra forma de pensar e incorporar con eficacia el email y las conferencias online. ¡La cosa va mucho más allá de saber usar caritas sonrientes y emoticonos!

Dirigir o participar en una reunión virtual no es lo mismo que hacerlo en una reunión presencial, igual que escribir un email no es lo mismo que escribir una carta. Sin embargo, tratamos de replicar el proceso en ambos casos.

Piensa en tu bandeja de entrada. No mires el número de emails, ni siquiera la notificación de mensajes no leídos. Mira sólo el asunto: ¿eres capaz de recordar el contenido y las acciones relacionadas con cada uno de ellos? Si puedes, eres un caso raro. Escribir el asunto en un email no es lo mismo que escribir el asunto en una carta formal.

En los tiempos en los que se escribían cartas, podíamos permitirnos el lujo de abarcar toda la información posible. Sabíamos que tardaríamos al menos una semana en recibir una respuesta, por lo que teníamos que incluir más datos, a sabiendas de que el lector iba a tomarse el tiempo necesario para leer la carta entera.

Hoy en día, ya no leemos así. Estamos sobrecargados de información. Al redactar un email, debemos tener en cuenta que competimos por captar la atención del destinatario y queremos que recuerde la información, así que es importante no dar demasiados datos, ni incluir demasiados detalles, ni usar demasiadas palabras.

Como referencia, debemos tener en cuenta que la mayoría de la gente lee los emails en su dispositivo móvil. El mensaje clave y las acciones necesarias deberían quedar claros en las dos o tres líneas iniciales. Asegúrate de que el asunto les ayude a recordarlos.

Las habilidades: la clave del éxito

Sheldon Cooper, de la serie “The Big Bang Theory”, es un genio. Su personaje es uno de los mejores físicos del mundo. Pero, por su falta de habilidades personales, nunca obtiene la admiración y el respeto que merece.

En realidad, la falta de habilidades no sólo afecta a nuestra capacidad de desarrollar todo nuestro potencial; también provoca insatisfacción y descontento en el trabajo. Los humanos somos animales sociales y necesitamos comunicarnos y empatizar con los demás, confiar los unos en los otros y, a nivel instintivo, recelamos de aquellos que carecen de habilidades interpersonales.

La mayor ventaja de poseer excelentes habilidades es que nos deja más tiempo para dedicarnos a las partes del trabajo que nos encantan.

Google descubrió recientemente que, de sus empleados, los que más rendían no eran los que tenían la mejor licenciatura en matemáticas, ingeniería, ciencia o tecnología. Eran los que demostraban mayor competencia en habilidades interpersonales. La Fundación Carnegie y la Universidad de Harvard llevaron a cabo un estudio que demostraba que el 85% del éxito proviene de las habilidades personales, y sólo el 15% de las técnicas.

La mayor ventaja de poseer excelentes habilidades es que nos deja más tiempo para dedicarnos a las partes del trabajo que nos encantan. Una reunión bien dirigida suele ser más rápida que si se dirige mal; la mala comunicación requiere más tiempo que la comunicación eficaz. Y al aumentar nuestra productividad, mejora nuestro perfil y nuestro desarrollo profesional. En realidad, todo el mundo sale ganando—la empresa también.

Las habilidades personales ya no son una opción personal, ni son simplemente un “complemento agradable”. De hecho, ¡son fundamentales! Son habilidades cruciales para funcionar bien en cualquier organización humana.

Debemos asegurarnos de que no estamos desperdiciando la oportunidad de desarrollar todo nuestro potencial, e invertir los recursos necesarios en mejorar las habilidades críticas—a menudo llamadas habilidades interpersonales—para tener éxito en el trabajo y en la vida.