Es innegable que hay aspectos de la formación presencial que son irreemplazables. En un mundo ideal, la posibilidad de conectar con nuestros formadores y compañeros aporta un gran valor. ¿Pero cuánto peso tiene este argumento a la hora de abogar por este tipo de formación? Este artículo analiza las ventajas de la formación virtual de idiomas, y cómo puede incluso llegar a superar la experiencia de inmersión plena de la formación presencial a la hora de cumplir objetivos profesionales.

Hay dos corrientes de pensamiento sobre el futuro de la enseñanza de idiomas y los modelos de impartición. Unos consideran que no hay alternativa a la formación presencial corporativa, ya que es la mejor manera de recrear un entorno contextual. La postura contraria defiende que, aunque lo anterior tiene sentido, no responde a las necesidades del alumno moderno, y por este motivo consideran que la formación online ofrece más posibilidades de aprendizaje a largo plazo.

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¿Por qué tiene mayor impacto la formación virtual?

  1. Flexibilidad: responde a las necesidades del alumno actual—estudiar donde y cuando quiere.
  2. Mayor diversidad de formadores para dar una respuesta específica a las distintas necesidades y estilos de aprendizaje de los alumnos.
  3. Personalización: permite diseñar itinerarios pedagógicos a medida, algo que solo es posible con la formación presencial cuando hablamos de cursos individuales, mucho más caros.
  4. Autenticidad: los recursos de idiomas online se actualizan diariamente para asegurar que los contenidos del curso sean relevantes e interesantes para los alumnos.
  5. Un entorno seguro: gracias a la anonimidad de internet, los alumnos más tímidos sienten que están en un lugar seguro en el que no pasa nada si cometen un error.
  6. Lo mejor de ambos mundos: lejos de limitarse a ser una alternativa, la formación virtual de idiomas ofrece a los alumnos enseñanza y aprendizaje de calidad a través de los portales e itinerarios que recorren habitualmente.

Una experiencia de aprendizaje ágil

Un precepto básico de la formación de idiomas online es que agiliza la experiencia: el aprendizaje se acerca al alumno, en lugar de a la inversa. Además, nos permite meternos en nuestra cuenta y escoger a nuestro propio formador en función de nuestros intereses.

Nos ofrece la oportunidad de explorar distintos estilos de aprendizaje hasta encontrar el que mejor nos encaje. Podemos escuchar distintos acentos y matices gramaticales de todo el mundo, y no tenemos por qué seguir el mismo itinerario pedagógico que los demás, ni ir a distintas escuelas de idiomas, ni viajar a ningún sitio.

El aprendizaje se acerca al alumno, en lugar de a la inversa.

Antiguamente, lo normal era que incluso aquellos que se podían permitir una clase individual se tuvieran que adaptar a los horarios casi siempre inflexibles de las escuelas, limitándose a los formadores que hubiera disponibles. Además, el tiempo de clase se solía emplear en hacer ejercicios y no en practicar los objetivos de aprendizaje dentro de su contexto. Y si lo que buscaba el alumno era una clase particular barata, tenía que conformarse con profesores no cualificados y la ausencia de un itinerario pedagógico estructurado.

La formación de idiomas online, sin embargo, permite una oferta mayor y más flexibilidad en cuanto a los horarios, los estilos de aprendizaje y la frecuencia a la hora de participar. Una buena plataforma ofrecerá además abundante material auténtico, para garantizar que el aspecto cultural que va siempre integrado en el aprendizaje de un idioma sea contemporáneo y actual.

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Otro elemento a favor del aprendizaje online frente al presencial es que hace que los alumnos más tímidos, a los que no les resulta cómodo experimentar con un idioma nuevo en el aula tradicional, se sientan más seguros, por lo que es menos probable que los nervios obstaculicen su progreso.

En un aula sin paredes, los alumnos tienen una red de seguridad.

Un buen proveedor de soluciones online para la formación de idiomas no rechaza la enseñanza de calidad ni los modelos pedagógicos ejemplares. Más bien al contrario: las plataformas online permiten más variedad y potencian las posibilidades de enseñar y aprender.

Mantener la conexión humana

El inconveniente que se suele destacar es la falta de interacción social. ¿Cómo nos vamos a sentir verdaderamente conectados con el idioma y la cultura? ¿Y qué pasa con la pronunciación?

En la última década, las plataformas han evolucionado mucho. Ya hace tiempo que quedó demostrado que las aplicaciones o plataformas que se limitan a la repetición o al trabajo con fichas didácticas o que no son más que un libro de texto online no sirven para animar al alumno a participar. Las plataformas de aprendizaje actuales integran distintos estilos de aprendizaje (auditivo, visual, kinestésico, etc.), y esto permite al alumno escoger cómo quiere enfrentarse a sus errores y avanzar.

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Hay muchas plataformas que aprovechan ciertas funciones de la IA para ofrecer incluso la posibilidad de mejorar la pronunciación. Y si esto lo integramos en un modelo blended, la participación del alumno aumenta aún más.

Para superar la sensación de aislamiento que puede provocar el aprendizaje online, algunos proveedores ofrecen clases online en grupo, en un formato parecido al de las clases presenciales, pero en la nube.

Y hay algo más: a diferencia de las escuelas tradicionales, las clases online le permiten al alumno elegir la sesión que mejor se adapte a sus necesidades. Ya no es necesario que asista a clase a la misma hora todas las semanas, ni se perderá ninguna clase por problemas de agenda.

Medir la participación y el progreso del alumno

Otra crítica frecuente es que por culpa de la flexibilidad del aprendizaje online, muchos alumnos acaban abandonando. Argumentan que la falta de estructura (la misma clase a la misma hora, todas las semanas) y de la disciplina necesaria para obligar al alumno a realizar por su cuenta las tareas fuera de clase conduce a que, tras un periodo inicial de fascinación, la participación decaiga. Pero lo cierto es que, aunque esa crítica quizá fuera válida en el pasado, son muchas las escuelas de idiomas que encentran formas innovadoras de fomentar la implicación del alumno.

El aprendizaje en pequeñas dosis, por ejemplo, permite al alumno ir completando el programa poco a poco donde y cuando quiere, aprovechando los desplazamientos diarios o el ratito que se pasa tumbado en el jardín para hacer sus ejercicios de vocabulario.

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Con el modelo de flipped classroom, el formador consigue completar el ciclo en cada contenido de aprendizaje. Asigna actividades antes de la clase, interactúa con el alumno en directo durante la sesión y luego hace un seguimiento con feedback y pequeñas tareas. Todo esto consigue que el alumno se involucre y sienta que está avanzando.

Hay proveedores que ofrecen además un servicio sin previo aviso, que permite a los alumnos participar en una clase online sin necesidad de haberla reservado de antemano. Estas sesiones suelen ser informales, pero mantienen la estructura.

Muchos alumnos prefieren este tipo de sesión a las sesiones presenciales corporativas, ya que se sienten menos vulnerables.

Además, permitir al alumno que se mueva libremente entre unidades y niveles no impide ni interrumpe su aprendizaje; muy al contrario, le permite encontrar elementos del idioma que le interesen especialmente o que sienta que necesita mejorar. No hay nada peor que estar atrapados en una clase en la que nos parece que nos estamos quedando atrás o que vamos muy por delante de nuestros compañeros.

¿Y qué hay del feedback?

Los estudios demuestran que la escasez de feedback es uno de los motivos por los que los alumnos prefieren las clases presenciales. Pero es una simple cuestión de funcionalidad y procesos, y los proveedores de calidad han encontrado maneras creativas de resolverla.

Se puede programar el sistema para que se repitan los puntos en los que se ha cometido un error (en fichas, por ejemplo), y así asegurar que el alumno los recuerde. La plataforma puede ofrecer además la posibilidad de repetir los puntos más complejos, y permitir al formador que detecte qué aspectos son los que más le cuestan al alumno y le dé feedback.

Además, en una plataforma bien diseñada, el alumno puede opinar constantemente sobre las actividades y sesiones online, sin miedo a disgustar a nadie.

Incluso tras una sesión sincrónica, el formador puede hacer un seguimiento con un resumen de la clase. Esto significa que se acabó tener que rellenar cuestionarios de satisfacción delante del formador o completar encuestas que probablemente no contemplen metodologías o actividades concretas relativas al curso.

Actualmente, una de las desventajas es que no hay acreditaciones para el aprendizaje de idiomas online, a diferencia de las escuelas físicas, que disponen de sistemas de acreditación de calidad como el del British Council (RU), el programa de afiliación de International House (global), QQI (Irlanda) o CEA (EE.UU.).

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A día de hoy, no existen parámetros para garantizar la calidad del la formación de idiomas online, aunque los principales proveedores ofrecen formadores cualificados, protección de datos (en cumplimiento de la normativa ISO 27001 o del RGPD), modelos pedagógicos claros (con objetivos de aprendizaje bien definidos) y buen servicio al cliente.

La mejor opción es un formato blended

La formación presencial de idiomas sigue siendo necesaria, y aunque no sea tan popular como antes, hay ciertos tipos de alumnos para los que sigue siendo la mejor alternativa, como el jubilado que ve las clases de idiomas como una oportunidad para socializar, el que acaba de llegar a un sitio nuevo, o el que quiere hacer un viaje para estudiar.

Sin embargo, si tenemos que compaginar el aprendizaje con una agenda complicada, la mejor opción es un buen modelo pedagógico online, como los que ofrecen los proveedores que usan plataformas interactivas.

Un modelo blended, con aprendizaje en pequeñas dosis y contenidos adaptados a los objetivos del alumno, facilita el aprendizaje del idioma.

Además, las habilidades complementarias que se trabajan al aprender un idioma (mejora de la memoria, la escucha y la resolución de problemas) se mejoran igual con el aprendizaje online, con la ventaja adicional de que se aprende a demás a trabajar en un entorno virtual, familiarizarse con la tecnología e interactuar con personas de todo el mundo. Estas habilidades cada vez son más cruciales en los espacios educativos y profesionales actuales.

El clásico reproche de que la formación online no mejora la fluidez ha quedado obsoleto. Aunque la IA no puede aún reemplazar al formador, ya no es necesario que esté en el mismo espacio físico que el alumno. Es más: la posibilidad de forjar una buena relación con nuestro formador no solo no desaparece a través de la plataforma online, sino que puede llegar a ser igual de satisfactoria.

Formación digital para los nativos digitales

Si tenemos en cuenta que entre los alumnos hay cada vez más nativos digitales, que las clases individuales han dejado de ser una opción que exija invertir un alto presupuesto en formación y que la progresión del alumno se puede medir fácilmente, lo cual sirve de hecho para fomentar su participación, la formación online tiene el futuro asegurado.

¿Dónde deja esto a la formación de idiomas presencial en la empresa? Es posible que no haya muerto, y siempre habrá argumentos a favor del aprendizaje en un contexto de inmersión y de lo que aporta socialmente. Sin embargo, la pregunta ya no es por qué escoger la formación online, sino por qué no. El aula se ha hecho más global, más ágil, más relevante y más emocionante.