La transformación digital está revolucionando todos los sectores, y los líderes actuales necesitan un conjunto de habilidades en constante evolución. Hoy en día, si miramos los titulares, es fácil dar por hecho que ciertas figuras políticas, como Donald Trump, se han convertido en la única referencia de “cómo liderar”. Independientemente de nuestra opinión personal sobre él, es indiscutible que tiene un estilo de liderazgo inconfundible.

¿Pero es la mejor forma de liderar? ¿Es ese el futuro del trabajo? ¿O hay un modelo mejor de liderazgo moderno? En este artículo destacamos las áreas en las que nos deberíamos centrar como líderes del futuro.

La comunicación: controlar el mensaje

En todo el mundo, las encuestas que valoran el nivel de compromiso de los trabajadores señalan la principal deficiencia en cualquier organización: la comunicación.

La información es escasa, llega tarde, es demasiado complicada, demasiado inconsistente, se restringe demasiado y, con frecuencia, es incluso inexistente.

El desarrollo de las habilidades personales

Desarrollando las habilidades necesarias para alcanzar el éxito en el entorno laboral actual

Pero la comunicación no consiste solo en soltar todo lo que se nos ocurre.

Los líderes que hablan no son capaces de oír la insatisfacción, no saben cambiar el rumbo y se sorprenden cuando un trabajador clave deja la empresa.

Los consejos de nuestras abuelas siguen vigentes hoy: tenemos dos orejas y una boca, así que lo que hay que hacer es escuchar el doble de lo que hablamos.

El mundo actual y la naturaleza del trabajo complican aún más la comunicación. Un líder que se centre solo en lo que ve está abocado al fracaso. El futuro del trabajo está conectado a través de canales digitales y virtuales.

Hoy en día, un equipo tiene muchas más probabilidades de estar repartido en varias ubicaciones y ser multilingüe y multicultural, reuniéndose muy rara vez cara a cara. Un líder tiene que ser capaz de comunicarse eficazmente por email, teléfono, vídeo conferencia y en persona — ¡y a veces todo al mismo tiempo!

Un buen líder lo hará con autenticidad, siendo sincero cuando hay algo que no sabe o sobre lo que no puede hablar. Irá ganándose la confianza de los miembros de su equipo al tratarlos como adultos, contándoles la verdad sobre las decisiones difíciles y reconociéndoles el trabajo bien hecho.

Lucy Adams, antigua Directora de RRHH en la BBC, considera que, a menudo, las organizaciones tratan al personal como niños incapaces de funcionar sin un montón de normas e instrucciones. Si los tratamos como adultos, y nos comunicamos con ellos como tales, puede que nos llevemos una sorpresa.

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Se dice que tanto Richard Branson como Steve Jobs decían que no tenía sentido contratar a personas inteligentes para luego ignorar sus consejos. No hace falta buscar mucho para encontrar a líderes autocráticos que no son conscientes de que ya no les sigue nadie.

Es una obviedad que dos cabezas piensan mejor que una. Una de las habilidades del líder actual es desarrollar la capacidad de discernimiento — de escuchar opiniones radicalmente opuestas, escoger el camino más sabio y lograr el consenso dentro del grupo.

Algunas de las organizaciones más productivas, como Facebook, Microsoft, y Google, excluyen de la jerarquía administrativa a sus mejores trabajadores. En un entorno universitario, el mejor investigador no es necesariamente el mejor líder. Un líder debe ser generalista, no especialista, por lo que debe confiar en los asesores que tiene alrededor.

Ser humildes

Del mismo modo, es fácil que un líder llegue a creerse su propio currículum. Cuando se nombra a un nuevo directivo, es muy habitual que repitan en su presencia la lista de expectativas, sobre todo al presentarle al resto de la organización: “Tenemos grandes esperanzas puestas en Helen. ¡Va a hacer grandes cosas aquí!”

El desarrollo de las habilidades personales

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El problema es que a un líder se le juzga por sus resultados, no por el bombo que se da. Cada vez es más frecuente que los líderes más valorados y respetados sean humildes y genuinos — Angela Merkel, por ejemplo. Tienen la humildad necesaria para reconocer sus limitaciones y dar herramientas a quienes les rodean para rendir por encima de lo esperado.

El líder heroico desautoriza a quienes le rodean. Es el mejor, la autoridad, y como es el número uno, su entorno suele tirar la toalla y dejarlo todo en manos del “experto” o simplemente dar un paso atrás, esperando a que fracase el héroe.

Damian Hughes, escritor del libro El secreto del Barcelona, cita a Txiki Begiristain, que fue director deportivo del club:
“El talento te sirve para llegar al vestuario. El tiempo que permanezcas dependerá de tu comportamiento.”

El líder del futuro será lo suficientemente humilde como para inspirar con su ejemplo a los demás, motivándoles a superar expectativas sin menospreciarles nunca.

Estimular a nuestro equipo

La era de un trabajo para toda la vida ya pasó. Lo más probable es que cambiemos de puesto y de empresa, pero nuestra responsabilidad actual es preparar un plan de sucesión.

Delegar no es solo quitarnos de encima las partes del trabajo que no nos gustan. Sirve para dar a los demás la oportunidad de experimentar el liderazgo, sobre todo si nosotros, como líderes, les damos el espacio necesario para liderar.

Un buen líder es el entrenador principal de un equipo deportivo. No puede hacerlo todo solo, por eso debe capacitar y dotar de autoridad a quienes le rodean.

Esto no puede restringirse a las sesiones formales de feedback individual. Es necesario dar ánimos y ofrecer críticas constructivas de forma constante. Cuando parece que un proyecto empieza a retrasarse, no conviene intervenir inmediatamente, sino brindar nuestro apoyo con delicadeza. Hay que ser mentores, no dominadores.

No debemos tratar a los miembros de nuestro equipo como un recurso o un activo. Hay que tratarlos como potencial — el potencial de nuestra organización para crecer y explorar nuevos mercados, desarrollar nuevos productos y servicios y responder a las exigencias del futuro.

El futuro del trabajo depende de nuestra capacidad para desarrollar líderes que sean capaces de entender que su responsabilidad principal son las personas con las que trabajan, de arrimar el hombro en los momentos difíciles, de animar a sus equipos y de ser un modelo de conducta orientada a los valores.

  • En lugar de controlar el mensaje, el líder moderno debe facilitar la comunicación bidireccional
  • No debe ignorar las discrepancias: conviene fomentar un debate saludable y facilitar el consenso
  • No es buena idea que vaya por ahí dándose bombo: el líder moderno debe ser humilde y auténtico
  • No debe dominar al equipo: tiene que apoyarlos y estimularlos, orientándolos eficazmente