Con la inexorable expansión global viene el inevitable reto de prevenir los problemas de (mala) comunicación y garantizar una interacción clara y eficaz dentro de los equipos interculturales. Son muchísimas las organizaciones que, en su esfuerzo por crecer y crear entornos de trabajo dinámicos, eligen el inglés como lengua franca o idioma corporativo.

Los expertos en RRHH y Formación y Desarrollo se enfrentan a la tarea de formar a los trabajadores para que sean capaces de comunicarse y conectar con sus clientes y compañeros angloparlantes. Entre las carencias más importantes que se han identificado están los bajos niveles de fluidez y confianza.

El mundo de los negocios habla inglés

El inglés, como lengua franca global del mundo empresarial, es la opción natural para facilitar el intercambio de información entre equipos internacionales. Hay 400 millones de angloparlantes nativos, según la edición de 2017 de The Ethnologue.

Además, como segundo idioma más demandado, el inglés tiene un alcance global que aumenta ese número a 1.390 millones, desplazando el mandarín y el español al segundo y tercer puesto.

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Un partnership que ha triunfado en el mundo

El inglés se está convirtiendo en una competencia básica, necesaria para toda la plantilla, y cada vez es más raro que los criterios lingüísticos no se especifiquen desde el principio. Todos hemos aprendido a manejar el MCER, con la búsqueda por parte de RRHH de una estrategia dinámica para mejorar las habilidades de comunicación en el trabajo.

La pregunta ya no es “¿sabes hacer esto?” — es “¿sabes hacer esto en inglés?”

Como posible consecuencia de la globalización, el 59% de los millennials dicen estar dispuestos a trabajar en el extranjero, ya que se consideran ciudadanos globales.

Formación y competencias lingüísticas se están convirtiendo en sinónimo de sueldos más altos y más oportunidades y están, por tanto, cada vez más solicitadas.

¿Por que adoptar una políticas de idiomas global?

1. La expansión de mercado y el crecimiento no deberían ser opcionales

Las empresas con una visión limitada del aprendizaje de idiomas actúan en su propio perjuicio. Por mucho nuestro equipo comercial sea el mejor del mundo, si solo puede operar en el mercado local porque le faltan las capacidades lingüísticas necesarias, le estaremos poniendo el domino global en bandeja a la competencia.

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Las empresas multinacionales quieren poder ofrecer soluciones universales, y no quieren que los problemas de comunicación se conviertan en un obstáculo insalvable.

2. La integración cultural “se pierde en la traducción”

En el caso de las fusiones internacionales, la integración intercultural pone muy a prueba la flexibilidad, las actitudes y el compromiso.

Si añadimos los problemas de comunicación por el idioma, se perderán oportunidades de conectar tanto a nivel profesional como personal, se perderán momentos que podrían haber transformado la dinámica negativa en positiva y, lo peor de todo, se perderá tiempo. Tiempo que se podría haber invertido en crear una visión común, una meta compartida desde el principio.

La primera regla de la gestión del cambio es abordar todos los matices de cualquier problema interpersonal, pero ¿cómo hacerlo si no nos podemos comunicar con las personas?

Harvard Business Review cita el caso de Rakuten, un gran empresa online japonesa que se dio cuenta de las ventajas de adoptar el inglés como idioma corporativo oficial.

Hiroshi Mikitani, CEO de Rakuten, tomó la decisión de cambiar al inglés el idioma usado por sus 7.100 empleados japoneses. Con la necesidad de comunicarse con numerosos colaboradores globales, consideró que las competencias lingüísticas en inglés ayudarían a mejorar el funcionamiento de su organización.

También mencionaba la ventaja adicional de contribuir a ampliar la visión del mundo de sus trabajadores como resultado de sus recién desarrolladas habilidades lingüísticas.

3. Una visión compartida para todos los miembros del equipo

Cuando mejora la comprensión, cualquier miembro del equipo se puede dirigir a la persona necesaria para obtener la información de primera mano, sin importar cuál sea su idioma nativo.

Está demostrado que cuando los miembros de un equipo global hablan el mismo idioma, es más probable que compartan la misma estrategia, en línea con los valores de la empresa, y que trabajen por lograr su objetivo común sin importar su situación geográfica.

Toda la documentación es accesible y comprensible, no hay que perder tiempo esperando a las traducciones, la transmisión de información es mucho más ágil, y todo se lanza de forma simultánea.

Una vez que la política está instaurada, toda la información se puede documentar y emitir en un solo idioma. Así, adoptar el inglés como idioma corporativo en la empresa se convierte en el primer paso para reducir al mínimo los problemas de comunicación y los malentendidos.

4. Aprender idiomas estimula el crecimiento y el desarrollo

La forma más eficaz de motivar al alumno corporativo es vincular los logros prácticos del aprendizaje de idiomas con incentivos económicos o profesionales, como subidas de sueldo, oportunidades de ascenso o incluso la opción de un destino extranjero.

Los millennials han crecido en un mundo globalizado, se han criado con expectativas muy altas y se les ha dicho sin cesar que el mundo estaba a sus pies, y que podían trabajar en cualquier lugar del planeta. Si les ofrecemos la oportunidad de aprender, lo probable es que consigamos mucho a cambio.

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5. Superar los retos de instaurar un idioma global

Conseguir que el equipo interiorice las ventajas de mejorar sus habilidades lingüísticas en inglés, tanto a nivel personal como profesional, es crucial.

Adoptar un idioma global supone algunos retos, pero la convicción fundamental de que para prosperar y triunfar en una economía global las empresas deben eliminar todas las barreras lingüísticas debería ser estímulo suficiente para convertirlo en una prioridad empresarial.

Posicionar e instaurar una política que generalice el uso del inglés es algo que debe hacerse con cuidado para minimizar la resistencia y el resentimiento de aquellos trabajadores cuyas habilidades lingüísticas sean insuficientes o inadecuadas.

Aquí ofrecemos cinco consejos para facilitar la transición al inglés como idioma corporativo.

  • Empezar desde arriba

Las empresas de éxito tienen una cultura evolutiva que avanza sin cesar, y les correspondes a los líderes y/o a los principales grupos de interés darse cuenta de la importancia estratégica de instaurar un idioma global y asegurarse de que la cultura, valores, personal y conductas de la empresa estén todos alineados.

  • Defenderlo formalmente

Hay que convencer a la plantilla de la necesidad de un cambio y ofrecerles una hoja de ruta que les sirva de guía durante cada etapa de dicho cambio.

Conviene explicar detalladamente las ventajas estratégicas para la empresa, pero también entrar a fondo en las ventajas personales, para conseguir que los trabajadores se involucren en la inversión que estamos haciendo en ellos. Casos prácticos de éxito como el de una potencia global como Siemens pueden ser críticos para lograr la colaboración de todos.

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  • Gestionar las expectativas

Debemos fijar objetivos claros, plazos y, en definitiva, asegurarnos de que nadie pueda desentenderse de esta nueva política. Si hay miedo a que la falta de habilidades lingüísticas pueda afectar negativamente al rendimiento debemos tranquilizar a la plantilla, mientras dejamos claro que estamos poniendo a su disposición las herramientas necesarias para ayudarles a conseguir las habilidades comunicativas necesarias.

Es una maratón, no un sprint, y los hábitos eficaces de aprendizaje deben cultivarse, fomentarse y recompensarse. Los problemas de comunicación no se pueden suprimir de un día para otro.

  • Establecer unas pautas de comunicación

Estandarizar el inglés, luchar contra el uso de argot y asegurarnos de que se distribuya a los equipos un glosario claro y conciso de términos empleados habitualmente multiplica las posibilidades de conseguir un intercambio significativo, eficaz y fructífero con resultados positivos para todos los implicados.

  • Escoger al colaborador adecuado para impartir la formación

Debemos elegir un colaborador que nos ofrezca soluciones innovadoras y flexibles que ayuden y respalden plenamente a nuestra empresa en su desarrollo. La meta debería ser forjar una colaboración a largo plazo basada en el respeto y la comprensión mutuos, que nos permita contar con que nuestro proveedor responderá a las necesidades de nuestra organización según vayan evolucionando, y evolucione con ellas.

La conclusión

Las multinacionales de todo el mundo están adoptando el inglés como idioma corporativo para superar los problemas de comunicación y operar eficazmente en los mercados internacionales. El reto para los expertos en RRHH es hacer que este proceso fluya sin contratiempos. Empezar desde arriba, gestionar las expectativas y establecer unas pautas claras de comunicación es la clave para lograr lo antes posible la colaboración de todos los miembros de la organización.