John F. Kennedy, trigésimo quinto presidente de EE.UU., fue considerado por muchos un líder brillante. Se estima que tenía un cociente intelectual (CI) de 158, así que parece que era literalmente brillante. Treinta años más tarde, Bill Clinton—que al parecer tiene también un CI muy alto—se hizo famoso por el carisma sincero y seductor que era capaz de proyectar gracias su extraordinario nivel de inteligencia emocional. Pero no debemos olvidarnos del tercer tipo de inteligencia, que es tan importante, a día de hoy, como las otras dos: la inteligencia cultural, cualidad imprescindible en los líderes actuales. A continuación, veremos por qué.

La verdad sobre la inteligencia cultural

Hubo un tiempo en el que la inteligencia cognitiva—un CI alto—era esencial para alcanzar puestos de liderazgo. Más tarde se vio que no bastaba con ser capaz de analizar con rapidez e inteligencia los hechos y la información, y que hacía falta también tener inteligencia emocional. La inteligencia emocional era lo que permitía a los líderes entender a sus seguidores, y relacionarse con ellos de forma creíble y auténtica.

Luego llegó la capacidad que define a los líderes de la actualidad, la inteligencia cultural, que supone una ventaja fundamental en un mundo en el que es cada vez más habitual trabajar globalmente, sin fronteras, tanto a nivel físico como cultural. No es solo la capacidad de entender a los demás; es la capacidad de entender a los demás cuando sus normas culturales son diferentes a las tuyas, y usar esas diferencias en beneficio de ambas partes.

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La inteligencia cultural no es solo la capacidad de entender a los demás; es la capacidad de entender a los demás cuando sus normas culturales son diferentes a las tuyas, y usar esas diferencias en beneficio de ambas partes.

La inteligencia cultural ha sido objeto de investigación y estudio en todo el mundo desde que dos investigadores, Christopher Earley y Soon Ang, hablaron de ella por primera vez en 2003, en su libro Cultural Intelligence: Individual Interactions Across Cultures. El concepto se consolidó aún más un año más tarde, cuando apareció en el número de octubre en Harvard Business Review.

Hace 50 años, la idea de la “inteligencia cultural” era algo tan misterioso como lo habría sido la televisión para William Shakespeare. Para que nos entendamos, la inteligencia cultural es la capacidad para relacionarse y trabajar eficazmente en un entorno transcultural. Es una habilidad que puede resultar crucial a la hora de ayudar a los líderes no solo a evitar conflictos y malentendidos, sino a ir más allá y usar las diferencias culturales para alcanzar mayores cotas de éxito.

Si todo esto te suena, es posible que conozcas a alguien que posea esa cualidad tan valiosa. ¿Pero la tienes tú?

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¿Posees inteligencia cultural?

Para autoevaluar tus niveles de inteligencia cultural, hazte las siguientes preguntas:

  • ¿Tienes interés en moverte en entornos culturalmente diversos? Esta pregunta, que es la más sencilla de todas, nos conduce a la siguiente: ¿Te sientes seguro en esa clase de situación?

Tus respuestas revelan tu nivel de interés y confianza cuando se trata de actuar con eficacia en contextos donde predomina la diversidad cultural. Si te falta entusiasmo a la hora de enfrentarte a los retos que implica el trabajo multicultural, tienes muchas posibilidades de meter la pata.

  • ¿Eres consciente de las similitudes o diferencias entre unas culturas y otras?

No hace faltar ser experto en todas las culturas. Pero sí es necesario conocer las convenciones y diferencias interculturales y sus efectos sobre las relaciones profesionales.

  • ¿Eres capaz de preparar y planificar una estrategia que tenga en cuenta la diversidad cultural?

Si sabes que te vas a reunir con un cliente de Oriente Medio, ¿te documentas sobre las distintas expectativas que puedan existir o la importancia de las relaciones de confianza en el mundo de los negocios? El interés y el conocimiento son las bases sobre las que los líderes deben edificar su estrategia de conducta.

  • ¿Eres capaz de cumplir?

Por buena que sea tu estrategia, lo que importa es que seas capaz de ponerla en práctica a la hora de la verdad, en una reunión estresante o en un contexto aparentemente social, como una cena de negocios, donde sabes que estás siendo minuciosamente observado.

El objetivo de este pequeño test es comprobar si te adaptas con soltura a distintas realidades culturales. Para lograrlo, es necesario que tengas un repertorio flexible de reacciones que te permitan desenvolverte en situaciones muy distintas sin dejar de ser fiel a ti mismo.

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Liderar con inteligencia cultural

El 90% de los líderes empresariales en casi 70 países afirman que el liderazgo culturalmente inteligente es una de las principales prioridades de cara a lo que queda de siglo.

Es posible que los líderes dotados de inteligencia cultural protagonicen menos titulares que los que no la poseen, pero el 90% de los líderes empresariales en casi 70 países afirman que el liderazgo culturalmente inteligente es una de las principales prioridades de cara a lo que queda de siglo.

¿Por qué? Porque las organizaciones son cada vez más globales, y la diversidad de las personas con las que trabajan es cada vez mayor.

Los líderes con altas capacidades de inteligencia cultural son más eficaces, tanto a nivel personal como profesional. Esto se debe quizá a que son más conscientes de todo lo que les rodea. Les ayuda a distinguir si el comportamiento de una persona responde a un valor cultural, o sencillamente a su idiosincrasia personal. Imagínate lo útil que podría resultarte esta habilidad en tu próxima reunión en Oriente Medio, cuando estés inmerso en una negociación internacional, o intentando conocer nuevos mercados, o tratando de dar con la forma de lograr que tu negocio despegue localmente, o posiblemente buscando la manera perfecta de comercializar tu producto sin alienar o incluso ofender al consumidor local.

Sin inteligencia cultural, es posible que no llegues a decir ni “Hola” sin ofender a tu anfitrión, destruyendo así tu única oportunidad de causarle una buena primera impresión. Y todo por no haberles dado importancia a esas dos palabras.