La jornada flexible ha cambiado la forma de funcionar de las empresas. El desarrollo tecnológico ha hecho que trabajar a distancia sea posible y los profesionales de hoy en día tienen más control sobre dónde y cómo trabajan que la generación anterior. ¿Pero esto tiene una cara negativa? ¿Estar conectados 24 horas al día, 7 días a la semana, significa que el trabajo se está comiendo nuestro tiempo personal?

Cada vez son más los trabajadores que le exigen a su empresa una jornada flexible. ¿Pero en qué consiste exactamente?

Según la definición del gobierno británico, la jornada flexible es una modificación de la jornada laboral que puede consistir en:

  • Trabajo compartido
  • Trabajo desde casa
  • Jornada parcial
  • Horario intensivo
  • Horario flexible
  • Jornada anualizada
  • Horario escalonado

Dependiendo de la empresa, puede suponer también una modificación permanente del contrato que no permita la vuelta a las condiciones anteriores (The Guardian – conoce tus derechos).

Ventajas de la jornada flexible

Un estudio publicado por Fractl sostiene que la flexibilidad se considera una de las mayores fuentes de satisfacción entre los trabajadores y uno de los principales puntos a tener en cuenta a la hora de analizar las ventajas de un nuevo trabajo. Concretamente, concluye que:

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Las ventajas de la jornada flexible para los trabajadores son:

Las ventajas de la jornada flexible para la empresa son:

  • Trabajadores más felices, comprometidos y leales.
  • Menores costes administrativos.
  • La desaparición del pasivo por vacaciones.

Es evidente que no todas las ventajas son las mismas en todos los casos, pero los beneficios potenciales tanto para los trabajadores como para la empresa son evidentes.

Sarah Jackson, Directora Ejecutiva de Working Families, y la Doctora Gail Kinman, profesora de psicología de la salud ocupacional en la Universidad de Bedfordshire, expresan su aprobación y apoyo a la jornada flexible, aunque con ciertas reservas. Su postura es representativa de la visión generalizada de esta práctica.

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El consenso es que la jornada flexible beneficia a todos.

Las empresas se benefician de que sus empleados sean más felices y productivos, y no hay duda de que los trabajadores valoran este enfoque centrado en las personas que les permite lograr un equilibrio mejor entre vida y trabajo.

Sin embargo, las reservas surgen ante una serie de desventajas que empiezan a hacerse patentes.

Los efectos secundarios de la jornada flexible

Uno de los efectos curiosos de la jornada flexible, especialmente cuando se trabaja desde casa, es que el concepto de la puntualidad deja de ser relevante.

El trabajo se hace a la hora acordada, e incluso aunque las horas de trabajo sean las mismas que las de una jornada convencional, la mayoría de los trabajadores remotos se conectan temprano y cierran tarde la sesión. Un claro extra de productividad.

¿Pero se acaba ahí? ¿Es lo mismo cerrar sesión que desconectar?

¿Las expectativas son las mismas para los trabajadores remotos y los que trabajan en la oficina? Por desgracia, la respuesta aparente es sí, pero no en el sentido que cabría esperar.

Hay un fenómeno curioso y cada vez más extendido, que es que cada vez son más los que contestan a los mensajes cuando están de vacaciones. Los motivos, explicaciones y justificaciones varían.

Algunos sostienen que estar al día mientras están de vacaciones les relaja y previene la acumulación en su bandeja de entrada a la vuelta. Otros aceptan la práctica, pero recomiendan moderación.

Hay incluso quien culpa a la tecnología de una costumbre que se podría llegar a considerar una adicción. Y otros que la ven como algo a medio camino entre una obligación y un mal necesario.

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Otros consideran que las vacaciones son el momento de desconectar del todo. Algunas agencias de viajes ofrecen vacaciones de “desintoxicación digital”, pensadas para que los viajeros se pierdan en la naturaleza para relajarse.

Pero las vacaciones son el ejemplo más extremo. ¿Qué hay de nuestro día a día profesional?

«Permanentemente conectados»

Hace unos años, HRM Guide, editorial online independiente de contenidos relacionados con la gestión de los recursos humanos, publicaba que el trabajador medio en Reino Unido estaba dedicando tres semanas extra al año a contestar emails y llamadas desde casa.

En resumen, concluyeron que:

  • El 93% de los encuestados seguían trabajando después de salir de la oficina.
  • De media, dedicaban 3 horas y 31 minutos a la semana a esta actividad.
  • Eso equivale a 23 días de trabajo extra al año.

Otro estudio más reciente de la asociación americana Academy of Management publicó unas conclusiones parecidas, afirmando que los trabajadores dedicaban una media de ocho horas a la semana a los emails fuera de su jornada de trabajo.

Y Unison, sindicato del sector público del Reino Unido, publica un análisis del teletrabajo en el que destaca el “Peligro de trabajar en exceso o de la jornada antisocial”.

El problema de la desconexión real, sea como sea, empieza a reconocerse.

Miremos por ejemplo la ley del «Derecho a la Desconexión» aprobada en Francia en 2017. Antes de desecharlo como “la típica locura de los franceses”, hay que tener en cuenta que el mismo concepto se está proponiendo en EE.UU., donde los trabajadores son conocidos por trabajar muchas horas y no cogerse todas las vacaciones que les corresponden, que son sensiblemente más cortas que la media europea.

La claridad en las políticas es fundamental

Hay ciertas cosas que debemos preguntarnos con respecto a la jornada flexible y, en particular, al uso del email:

  • ¿Envías mensajes fuera de la jornada normal?
  • ¿Recibes mensajes fuera de la jornada normal?
  • ¿Qué haces al respecto?
  • ¿Cuáles son tus expectativas?
  • Si no responden a tus emails, ¿recurres al SMS?
  • ¿Ofrecéis, tú o tu empresa, un servicio 24 horas?

El Business News Daily, por ejemplo, considera que la práctica es perjudicial, basándose en los hallazgos del estudio de la Academy of Management.

Solo porque un trabajador esté pendiente de su email no significa que pueda resolver un problema o, más difícil aún, interactuar con un tercero.

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La jornada flexible es aún minoritaria, lo que implica que la probabilidad de éxito en la comunicación externa es baja. Y si la comunicación exige una respuesta interna, ¿no estamos agravando el problema?

Los trabajadores que viven permanentemente conectados están bajo más presión y, a menudo, cansados. La jornada flexible, como hemos visto, va en las dos direcciones. ¿Le conviene de verdad a la empresa estar permanentemente en contacto? ¿El aluvión constante de emails y mensajes es productivo, destructivo o indicativo de la falta de seguridad y confianza por parte del equipo gestor?

Los expertos en RRHH deben asegurarse de que las jornadas flexibles se rijan por unas políticas claras, para que las expectativas sean transparentes y los trabajadores puedan encontrar el equilibrio adecuado entre ser productivos y tomarse el tiempo necesario para desconectar.