El cambio en el uso de la tecnología se puede considerar una revolución. Hay herramientas digitales como WhatsApp, Twitter y Snapchat que nos permiten hacer cosas con las que antes ni soñábamos. A través de nuestros dispositivos móviles estamos conectados 24 horas al día, 7 días a la semana, a redes sociales increíblemente potentes. Y esta revolución tecnológica no solo afecta a nuestra vida social; ha revolucionado también nuestra forma de trabajar y hacer negocios.

Pero viene con un aviso a navegantes: los errores sintácticos y ortográficos básicos se están infiltrando en el mundo profesional, y esta mala redacción perjudica a nuestra imagen corporativa.

El uso de las nuevas tecnologías ha acelerado nuestro ritmo de vida y nuestra forma de comunicarnos. La comunicación formal por escrito requiere tiempo y reflexión.

La revolución digital exige acceso inmediato, respuestas instantáneas y acciones rápidas. Como consecuencia, nuestra comunicación se ha vuelto mucho más informal, para permitirnos pasar rápidamente a la siguiente tarea pendiente.

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Pero la falta de formalidad a menudo tiene un precio. De los mensajes de texto a los emojis, nuestras habilidades de redacción van en declive constante. Queremos gratificación instantánea en forma de “me gusta”, y parece que la comunicación ha sucumbido a nuestra adicción a los productos de usar y tirar.

La empresa no es inmune a estas tendencias. La mala redacción—la clase de redacción que resulta demasiado informal, vaga, o llena de superlativos sin sentido—ha invadido también el mundo profesional.

La informalidad y los chats están bien en WhatsApp y Messenger, unas herramientas que hacen más accesible la comunicación y posibilitan el aprendizaje social. Sin embargo, en el entorno corporativo tenemos que controlar con firmeza la forma de expresar nuestro mensaje.

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El precio de la mala redacción

Harvard Business Review publicó un artículo sobre el coste de la mala redacción para las empresas. El escritor, Josh Bernoff, autor de “Writing without Bullshit” (“Escribir sin tonterías”), sostiene que la mala redacción en el mundo empresarial cuesta tiempo y dinero.

Demasiados textos están desorganizados y llenos de argot, jerga o banalidades.

Más que acelerar la comunicación, un email, propuesta o instrucción mal escrito entorpece los procesos. Se pierde el mensaje, y afecta a la productividad.

Si los mensajes escritos se malinterpretan, aumenta el riesgo de esforzarse en vano.

Para algunos trabajadores, unas instrucciones mal redactadas significan emprender una tarea inútil que luego tendrán que abandonar.

Para otros, el tiempo que tardan en descifrar el mensaje implica:

  • Costes adicionales
  • Tareas incompletas
  • Plazos sin cumplir
  • Otros gastos evitables

Liderazgo

Un buen líder debe comunicar sus mensajes con claridad, minimizando las posibilidades de que haya malentendidos. Las herramientas digitales pueden ayudar a que su mensaje llegue más lejos, a un público más amplio y a mayor velocidad que nunca.

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Sin embargo, el impacto de ese mensaje se perderá si la redacción es mala o confusa.

Los líderes saben que, en la buena redacción, hay que usar frases cortas. Entienden que los destinatarios pueden estar leyendo en lo que para ellos es un segundo o incluso tercer idioma.

Eligen palabras claras, para definir su mensaje con precisión. Usan términos de acción, para reforzar su posición de liderazgo y su credibilidad.

La claridad en la comunicación genera confianza

Para generar confianza en el mundo empresarial, hay que esforzarse mucho. Ofrecer una información clara y eliminar la incertidumbre, las inconsistencias y las dudas es una buena forma de conseguirlo. Los mensajes claros aumentan nuestra credibilidad.

Hay muy pocas prácticas profesionales cotidianas que sean alucinantes o increíbles. Ese tipo de lenguaje se asocia más a un adolescente agitado y exaltado que a un ejecutivo adulto.

En la mayoría de los casos, el uso de las palabras equivocadas hará que el destinatario cuestione la integridad del mensaje.

Un mensaje bien escrito dice lo que quiere decir y quiere decir lo que dice. No sólo habla del cómo, también del por qué. Presenta un argumento lógico. Persuade, informa o instruye. Y el destinatario entiende su finalidad.

La buena redacción es esencial

Las organizaciones que fomentan la buena redacción están salvándose a sí mismas. En este entorno tan competitivo en el que nos movemos, es fácil que el lector descarte a una empresa en un segundo si no capta su atención. E igual de fácil que desconecte si no la mantiene.

La clave de la buena redacción reside en que el escritor sea capaz de formular un mensaje cautivador, interesante y claro. Un mensaje bien escrito destacará, aumentará la productividad y construirá una reputación de fiabilidad. Asegúrate de que tus trabajadores reciban la formación necesaria en redacción empresarial, y pronto verás la diferencia en la comunicación a todos los niveles.