Cuando hablamos del dominio de un segundo idioma, los británicos y los norteamericanos suelen ocupar los puestos más bajos de las estadísticas. Y aunque esto se debe a múltiples motivos, es innegable que uno de los más importantes es el carácter global del inglés. Pero ¿es posible que las organizaciones, al centrarse exclusivamente en que sus empleados no angloparlantes aprendan inglés, en lugar de instaurar programas más colaborativos, se estén equivocando?

Cada vez son más los directores que se están dando cuenta de que la formación en idiomas es un tema serio, esencial para la empresa, y están tomando medidas—desde establecer un idioma corporativo para impulsar la eficiencia operativa y la colaboración, hasta implantar programas de idiomas para interactuar con los clientes a nivel local.

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El inglés, la lengua franca mundial

El inglés se convirtió en lengua franca a partir de la Segunda Guerra Mundial. La política, la diplomacia, los negocios, el mundo del espectáculo y las redes sociales han sucumbido a la fuerza del inglés. El inglés es, casi siempre, el idioma común que usan los no angloparlantes para comunicarse entre ellos—sin duda, es una herramienta muy poderosa.

Pero lo cierto es que es uno entre muchos idiomas. Las estadísticas muestran que solo el 7% de los no angloparlantes que trabajan en empresas globales consideran que se comunican eficazmente en el trabajo. Si esto es así, tiene mucho sentido que las empresas sigan invirtiendo en programas de formación en idiomas para transformar de verdad la vida laboral de sus empleados.

Invertir en formación en idiomas—las ventajas más importantes

Este tipo de inversión no solo es buena para la organización. Supone además grandes ventajas para las personas que forman parte de ella, tanto a nivel personal como profesional.

Sí, es cierto que aprender un nuevo idioma supone mucho tiempo, energía y dinero, pero es una inversión cuyos frutos sin duda merecen la pena.

  • Mejora generalizada del rendimiento
  • Aumento de la productividad de los trabajadores
  • Comunicación más eficaz
  • Mejor servicio al cliente
  • Mayor sensación éxito en los equipos globales, que se sienten más valorados
  • Mejora en las ventas externas gracias al entendimiento mutuo con los clientes
  • Menos conflictos y prejuicios (conscientes o inconscientes) gracias al aumento de la empatía y el entendimiento
  • Mayor colaboración transfronteriza entre equipos y oficinas

1. Las ventajas culturales

Saber un idioma implica también conocer una cultura. La falta de sensibilidad cultural o las meteduras de pata pueden afectar muy negativamente a la reputación y a la gestión interna de nuestra empresa, sobre todo si tenemos en cuenta que las actitudes hacia la empresa, la forma de gestionarla y las distintas maneras de entender los estilos de dirección pueden cambiar mucho de una cultura a otra.

La formación en idiomas y las habilidades interculturales están estrechamente relacionadas.

Nos ayudan a vivir en una sociedad diversa, nos dotan de una mentalidad más internacional y nos preparan para resolver conflictos interculturales.

Estas ventajas son muy pertinentes en un entorno profesional en el que las organizaciones necesitan adoptar una estrategia cada vez más global, con una presencia creciente en los mercados internacionales que les exige superar muchas barreras culturales.

Cualquier empresa, para poder entender a sus clientes locales, debe entender su identidad cultural, y logar que ellos entiendan su negocio. Hablar el idioma es fundamental para conseguir ambas cosas.

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2. Las ventajas económicas

“La economía en el Reino Unido está perdiendo ya unos 50.000 millones de libras al año en contratos que se pierden porque los trabajadores no hablan idiomas,” según la presidenta del grupo parlamentario de lenguas modernas de la Cámara Alta, Jean Coussins.

“En 2011, más del 27% de los puestos administrativos se quedaron sin cubrir por las carencias en el área de los idiomas.”

No es difícil imaginar el impacto económico que habrían tenido esos contratos si no hubiera existido la barrera del idioma.

3. Las ventajas personales

Además de hacer que sea más fácil vivir, trabajar y estudiar en cualquier lugar del mundo, la formación en idiomas supone además una ventaja competitiva considerable en el mercado laboral actual. Y esto se aplica incluso a los angloparlantes, aunque el inglés sea la lengua franca en gran parte del planeta.

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4. Las ventajas para nuestra red de contactos

Aprender un idioma extranjero nos permite acceder a una red de contactos mucho mayor, tanto a nivel personal como profesional. ¿Por qué? Porque normalmente confiamos e interactuamos más libremente con aquellos que hablan el mismo idioma que nosotros.

Saber hablar el idioma local puede eliminar la barrera inicial “del desconocido”, y ayudar a superar posibles recelos. Ayuda a que nos acepten como uno de los suyos y a que confíen más fácilmente en nosotros.

Conocer su idioma significa que nos resultará más fácil entender sus normas culturales y de etiqueta.

Nos permite acceder a un amplio colectivo de profesionales y personas que hablan el mismo idioma, ampliando considerablemente nuestra red de contactos útiles.

5. Abre las puertas a un mundo global

Con pasarnos un día hablando e incluso pensando en el idioma del otro veremos que las posibilidades de conocer su identidad cultural, actitudes, opiniones, procesos mentales y comportamiento hacia los demás son infinitas.

Cuando aprendemos otro idioma, aprendemos sin darnos cuenta una forma nueva de ver el mundo. Cuando una persona bilingüe cambia de un idioma a otro, empieza también a pensar de forma distinta.

Desarrollar una estrategia de formación en idiomas en un mundo cada vez más global es crucial para eliminar las barreras de comunicación y lograr que el espíritu de colaboración impere realmente en la organización. Las ventajas que el aprendizaje de idiomas aporta a la empresa solo se ven igualadas por el crecimiento y desarrollo personal del que se beneficiarán los miembros de nuestro equipo.