Dominar el arte de conversar es una habilidad, especialmente cuando la conversación no es en nuestra lengua materna. Cuando aprendemos nuestro propio idioma, lo primero que hacemos es hablar, y de ahí pasamos a las competencias gramaticales y escritas. Sin embargo, en el aprendizaje de un segundo idioma no es raro centrarse en la lectura y la comprensión antes que en la narrativa verbal. Si hablar es la habilidad lingüística más necesaria, lo lógico es preguntarnos qué podemos hacer para integrar mejor la práctica de la conversación en los programas corporativos de formación de idiomas.

Muchos desplazados internacionales se sienten inseguros cuando llegan al país de destino porque, a pesar de haber realizado un curso de idiomas para prepararse de antemano, descubren que les cuesta entender a sus interlocutores nativos en su entorno natural.

En la enseñanza de idiomas tradicional, lo normal es que el profesor pregunte y los alumnos respondan, y esto no es representativo de la comunicación entre adultos en el mundo real.

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Hoy cobra más fuerza que nunca el argumento a favor de invertir en un programa eficaz de formación de idiomas que incluya la práctica de la conversación como componente esencial. A continuación detallamos cinco motivos que justifican su importancia:

1. Aprender haciendo

Al practicar la conversación, el alumno asimila los conocimientos adquiridos e integra una serie de habilidades cognitivas, poniéndolas en práctica simultáneamente para producir la comunicación oral. A todos los efectos, en esto consiste aprender haciendo.

Según un estudio realizado por Elise W.M. Hopman y Maryellen C. MacDonald, de la Universidad de Wisconsin-Madison, los estudiantes de idiomas que ejercitan la conversación obtienen mejores resultados que aquellos que aprenden por medio de ejercicios de comprensión sin práctica oral.

Hablar es lo que activa al mismo tiempo todos los elementos lingüísticos relativos a la gramática, la puntuación y el vocabulario.

El estudio demuestra también que, dado que al hablar recurrimos únicamente a nuestra memoria operativa, la práctica de la conversación actúa como un “vínculo” entre la gramática, la puntuación y el vocabulario, aumentando las conexiones entre estos elementos lingüísticos según vamos formando frases.

Practicar la comprensión, sin embargo, no integra los elementos lingüísticos de la misma forma porque al alumno se le proporciona el idioma. Para un aprendizaje de idiomas eficaz, es esencial que haya un buen equilibrio entre escuchar y hablar.

La formación de idiomas tiene que diseñarse para que las habilidades y conocimientos adquiridos puedan aplicarse en el mundo real.

Lo que oigo, lo olvido. Lo que veo, lo recuerdo. Lo que hago, lo aprendo. Confucio

2. La conversación es bidireccional

Los idiomas reales evolucionan rápidamente y también exigen buena capacidad de escucha.

Mejorar nuestras habilidades orales exige una escucha activa.

Por eso, cuando hablamos de la importancia de la escucha en el aprendizaje de idiomas, no nos referimos solo a hacer ejercicios de comprensión auditiva ni a responder preguntas tipo test sobre un audio, sino también a escuchar al formador y a nuestros compañeros para demostrar que estamos atentos y entendemos la cultura que hay detrás del idioma que estamos aprendiendo.

Escuchar no se limita a escuchar para responder a la pregunta que nos plantean, hay que mostrar interés y ser capaces de hacer, a nuestra vez, las preguntas adecuadas. Una buena capacidad de escucha es una valiosa habilidad transferible y la práctica de la conversación ofrece el escenario ideal para desarrollarla.

Tener el léxico necesario para poder parar al formador y preguntar cuando hay alguna palabra o frase que no hemos entendido es una forma excelente de prepararnos para trabajar en un idioma extranjero.

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A menudo, el lenguaje cotidiano es lo que frena en seco al alumno. Las expresiones formales son más fáciles de usar que la terminología que se usa en el día a día en las situaciones sociales y profesionales del mundo real.

La comprensión es una calle de doble sentido. Eleanor Roosevelt

3. Las relaciones son lo primero

Cuando el alumno da rienda suelta a su curiosidad, la curva de aprendizaje se dispara. El alumno que se interesa por su formador y compañeros se beneficia de la conversación y, además, el formador se lo agradece.

Entablar una relación positiva y mostrar interés en nuestros interlocutores es una parte importante de la comunicación. La adquisición de habilidades de conversación está relacionada con la inteligencia emocional y la comprensión, y a las personas con un alto EQ se les duele dar excepcionalmente bien.

La escucha activa exige involucrarse y formular preguntas al formador ayuda a mejorar también la gramática y la precisión.
Aprender a leer entre líneas y mostrar interés en los demás es una parte integral de la práctica de un idioma.
Para relajarse, hay que dejarse llevar. Tenemos que olvidarnos de la corrección y simplemente intentar comunicarnos. Seguro que cometeremos más errores, pero es igual que aprender a montar en bicicleta: hay que seguir intentándolo y, con la práctica, mejoraremos.

En la comunicación, lo más importante es oír lo que no se dice. Peter F. Drucker

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4. Modelo de flipped classroom

El modelo flipped classroom lleva usándose desde los 90. Es una manera excelente de conseguir que el alumno se implique más tanto antes como durante la sesión de formación.

La formación tradicional suele poner el foco en el formador, convirtiendo al alumno en receptor pasivo de información. Es frecuente que los alumnos lleguen a clase con poca o ninguna idea de lo que van a aprender ese día.

El modelo de flipped classroom le da la vuelta al método tradicional y coloca al alumno en el centro del proceso de aprendizaje.

Los alumnos reciben contenidos digitales antes de la sesión de formación y luego siguen trabajando con el material durante la clase. El modelo de flipped classroom acelera el aprendizaje al permitir a los alumnos que trabajen a su propio ritmo, dándoles la posibilidad de elegir lo que quieren aprender y permitiéndoles implementar lo aprendido inmediatamente.

Las apps de idiomas son populares y fáciles de integrar en el modelo flipped classroom: el alumno disfruta de la autonomía necesaria para estudiar a su propio ritmo y llega a la sesión con el formador listo para participar y coger el toro por los cuernos en la práctica de la conversación.

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5. Contenidos a medida

Muchas clases de idiomas enfocan el aprendizaje desde la gramática, y esto no favorece ni la confianza ni las habilidades de conversación.

Hablar es lo que más hacemos en un segundo idioma, y si se anima al alumno a hablar desde el principio, su experiencia de aprendizaje será muy distinta. Percibirá la formación como algo mucho más personal, adaptado a la medida de las necesidades y deseos individuales y del grupo.

Un artículo publicado en HBR hace hincapié en que los participantes que disfrutan de la experiencia aprenden más que quienes muestran actitudes negativas. A menudo, la práctica de la conversación es el momento que les permite a los alumnos escoger el contenido, y fomentar que aprendan haciendo es una forma conseguir que se involucren más.

Muchos creen que la cantidad aprendida es resultado directo del tiempo invertido, pero lo cierto es que al alumno lo que le inspira son los contenidos de calidad. Le motivan los contenidos que le parecen útiles, relevantes e interesantes. La práctica de la conversación ofrece el escenario ideal para sacar partido a temas dirigidos a los intereses del alumno.

La buena conversación es igual de estimulante que un café bien cargado, y cuesta lo mismo conciliar el sueño a continuación. Anne Morrow Lindbergh

Predicar con el ejemplo

Trabajar en un contexto internacional exige tanto habilidades interculturales como de idiomas. Cuando los expertos en Formación y Desarrollo diseñan una estrategia de idiomas para los empleados, la práctica de la conversación tiene que ser una parte integral del programa. Puede incluirse dentro de un modelo blended o de flipped classroom, pero la verdadera conversación no se puede gestionar desde un curso exclusivamente online y conseguir el equilibrio adecuado es fundamental. Cuando trabaja en un idioma extranjero, el empleado debe tener la confianza necesaria para poder comunicarse con soltura sin preocuparse por la gramática y la sintaxis.

Formar a los trabajadores y ofrecerles oportunidades para practicar la conversación como parte integral de su formación de idiomas es una forma de garantizar que arranquen con buen pie en el destino internacional, ya que les ayuda a gestionar el choque cultural y a integrarse bien en su nuevo entorno. Además, aprender idiomas es una habilidad para toda la vida en la que los trabajadores están más que dispuestos a invertir su tiempo y energía.