Antes de empezar a hablar, es importante dejar clara una cosa: no es una cuestión de edad. Cuando hablamos del “alumno moderno”, no estamos usando el término “moderno” como eufemismo de “joven”. Si al leer el título de este eBook—o incluso de este capítulo—te has puesto a contarte las canas y has decidido que todo esto del “alumno moderno” no tiene nada que ver contigo, que creciste en el siglo XX, lee con atención estas líneas, pues contienen un mensaje importante para ti. Según muchos expertos, los métodos de aprendizaje moderno van a ser algo tan cotidiano como las cintas de idiomas antes de la era digital.

Señales del alumno moderno

Si estás en tu lugar de trabajo, echa un vistazo a tu alrededor y comprueba si ves a: alguien consultando internet, por el motivo que sea, al menos tres veces por hora; un compañero que odia cualquier vídeo que dure más de cuatro minutos; otro, posiblemente sentado en la mesa de al lado, que mira su smartphone sin cesar. Y ahora, si te sientes capaz de hacer un poco de autoanálisis, responde a lo siguiente:

  1. ¿Trabajas desde fuera de la oficina en algún momento de la semana?
  2. ¿Usas el smartphone para resolver problemas sobre la marcha?
  3. ¿Prefieres buscar información en internet a consultarla en libros, manuales o acudir a tus colegas?
  4. ¿Sueles compartir lo que aprendes con los demás?
  5. ¿Te planteas la necesidad de ampliar tu formación, incluso pagando de tu bolsillo?
  6. ¿Estás buscando la forma de progresar dentro de tu empresa o de conseguir un nuevo trabajo?

La desmitificación del alumno moderno

Cómo el papel de la tecnología y las nuevas preferencias de estudio determinan el modelo actual de aprendizaje

2.617 es la media de veces que tocamos el smartphone cada día.

El análisis de este cuestionario es muy sencillo: si has contestado que sí a una o más de las preguntas, probablemente seas un alumno de hoy. ¡Aunque sea la primera vez que oyes hablar del tema, lo que ves en el espejo cada mañana es un alumno moderno!

Seas como seas, es muy probable que tengas conocimientos tecnológicos y ganas de aprender, y que valores positivamente la opción de conectarte libremente con compañeros, directivos y expertos dentro de tu empresa. Si aplicamos esto al aprendizaje, lo razonable es que quieras soluciones de formación accesibles e interactivas que estén disponibles en cualquier momento y lugar, y a través de cualquier dispositivo. Para comprender al alumno moderno, debemos analizar cuatro indicadores clave.

el alumno moderno - consumerización del aprendizaje

El alumno moderno está conectado

El aprendizaje moderno se ha visto potenciado gracias a las apps y herramientas digitales y a las redes sociales. Facebook, YouTube, LinkedIn, Twitter y demás miembros de esa familia que no para de crecer nos permiten conectar con los demás, conocer las noticias y compartir información.

La realidad en el que se mueve el alumno moderno: el minúsculo espacio en el que la curiosidad tecnológica y la avidez de conocimientos luchan contra una cultura monocromática empeñada en encajar el aprendizaje en un paquete diminuto.

Parece lógico que busquemos las mismas facilidades para interactuar en todos los ámbitos, incluido el trabajo, por lo que esperamos, o incluso exigimos, el mismo grado de interactividad en nuestras empresas. El mundo del aprendizaje moderno entiende bien la relevancia de la tecnología y las redes sociales en el desarrollo del talento.

El alumno moderno está siempre activo

Gracias a la tecnología, los trabajadores tienen acceso a la información a cualquier hora del día, y los smartphones se han convertido en su más fiel aliado. Si pueden acceder a cualquier cosa a través de sus móviles, ¿por qué no hacer uso de este medio para proporcionarles contenidos y vídeos formativos, así como cualquier información relativa a su trabajo y a los procesos internos de la compañía?

Las empresas deberían facilitar el acceso a los programas de formación a través de los dispositivos móviles, para permitir que los trabajadores decidan dónde y cuándo quieren acceder a los contenidos y herramientas colaborativas.

El alumno moderno tiene poca capacidad de atención

El alumno moderno recuerda a la generación de la MTV, acostumbrada a aquel aluvión de vídeos musicales que se sucedían sin pausa. Pero hoy en día no es ver un vídeo tras otro lo que disminuye nuestra capacidad de atención, sino el consumo constante de información a través de dispositivos y plataformas. El periodo medio de atención en Norte América cayó de 12 segundos en el año 2000 a 8 en 2015, en parte debido a los smartphones.

1% El porcentaje de la jornada laboral que dedica el trabajador medio a la formación y el desarrollo.

Gracias a los smartphones, el trabajador puede consumir información de forma ininterrumpida, pero su capacidad de atención, cada vez menor, hace que le resulte difícil concentrarse en una sola tarea durante un tiempo prolongado. Cada vez hay menos probabilidades de que los empleados de tu empresa sean capaces de filtrar las distracciones externas para centrarse completamente en un programa de formación.

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El alumno moderno está ávido de información

Independientemente de que lo busque sean análisis teóricos, técnicas o simples trucos o consejos prácticos, el alumno moderno se caracteriza por su mente exigente, ávida de conocimientos. A medida que aumenten las herramientas digitales y las plataformas, esta avidez se irá intensificando.

La definición del alumno moderno es como el propio aprendizaje: un concepto aparentemente sencillo que, al profundizar, se vuelve complejo y pluridimensional. Lo que podemos afirmar sin miedo a equivocarnos es que el aprendizaje moderno supone una revolución en el desarrollo personal, y sus defensores son, a su modo, revolucionarios de la formación.

El verdadero reto no está en conocer las necesidades del alumno moderno, sino en darles respuesta. El informe de Deloitte nos proporciona un dato que nos ayuda a entender la realidad a la que nos enfrentamos:

Eso son 24 minutos en una semana de 40 horas. Esa es la realidad en el que se mueve el alumno moderno: el minúsculo espacio en el que la curiosidad tecnológica y la avidez de conocimientos luchan contra una cultura monocromática empeñada en encajar el aprendizaje en un paquete diminuto. ¡Parece que, después de todo, es necesaria esa revolución!