Para la mayoría de los que viajamos a diario entre nuestra casa y el trabajo, la primera quincena de septiembre es la peor. Se acabaron las vacaciones, y esos trenes, autobuses, metros y carreteras tan gloriosamente vacíos durante el mes de agosto se llenan de golpe de trabajadores, profesores y niños. La hora punta nunca es fácil, pero septiembre es lo peor. Y aunque nos planteamos muchas veces si tiene sentido pasarnos tantas horas yendo y viniendo, pocos optamos por la solución más evidente: el teletrabajo.

El teletrabajo: Ahorra tiempo

Millones de personas dedican las horas de los trayectos entre casa y el trabajo a comprobar de cerca el nivel de higiene de innumerables desconocidos. Ya el lunes por la mañana llegan a la oficina cansados, arrugados y frustrados. Según la BBC, hay más de 3,7 millones que tardan más de dos horas en ir y venir solo en el Reino Unido. Tenemos que empezar a preguntarnos, o quizá a preguntarles a nuestros jefes, si es realmente necesaria nuestra presencia física en la oficina.

Según la BBC, hay más de 3,7 millones que tardan más de dos horas en ir y venir solo en el Reino Unido.

Si ponemos estas cifras en contexto, descubrimos que casi la mitad de las personas que trabajan en Londres se pasa un día entero al mes yendo al trabajo, y otro día volviendo a casa.

Los que son reacios a autorizar el teletrabajo dicen que lo que les preocupa es lo complicado que es supervisar y pedir cuentas a los trabajadores. Este es, desde luego, el motivo por el que muchos trabajadores del sector público no pueden trabajar desde casa. Muchos directivos piensan que los que teletrabajan se dedican a quedarse sentados en el sofá bebiendo café y viendo la tele.

El teletrabajo: Es bueno para el planeta

Sin embargo, es difícil negar que la flexibilidad de la que disfruta el teletrabajador es muy atractiva para cualquier empleado. Y genera un ambiente de trabajo más relajado, lo cual puede fomentar la creatividad. El equilibrio entre vida y trabajo mejora, gracias a lo cual disminuyen los niveles de estrés y presión emocional. Y además, menos gente en las carreteras y medios de transporte nos viene bien para las credenciales medioambientales. Cuantos menos trayectos, menos sufre el medio ambiente.

A cualquier organización le viene bien que sus trabajadores sean más productivos, que las tasas de abandono se reduzcan y que su inversión en espacio físico de oficina disminuya.

Pero ¿cómo evitar que la flexibilidad degenere en claustrofobia, o sucumbir ante las tentaciones que supone estar en casa? Hay tres cosas que debes recordar si quieres sacarle el máximo partido a la oportunidad de trabajar desde casa.

Ambiente

Aunque estés en casa, ¡te tienes que vestir! No hace falta que te pongas un traje formal, pero desde luego nada de ponerte a trabajar en pijama y bata. No solo evitas el riesgo de recibir una videollamada de un cliente y morirte de vergüenza; vestirte te ayuda a ordenar tu mente y a prepararte psicológicamente. Y aunque tu casa no sea lo suficientemente grande como para que tengas un despacho independiente, es esencial tener una mesa ordenada. Separar la zona donde trabajas de la zona donde vives te ayuda a centrarte y ser productivo.

Tres son multitud

Si vives con más personas, especialmente niños, asegúrate de que estén bien vigilados y entretenidos. Explícales que estás teletrabajando, que no te has quedado en casa para dedicarte a los quehaceres domésticos. Si tienes niños pequeños o alguna mascota, es buena idea poner un pestillo, para evitar que te pase lo que a Robert Kelly durante una entrevista para la BBC.

No pretendemos reproducir la formalidad de una oficina, pero es fundamental separar de algún modo tu espacio profesional del personal. Esta demarcación no solo te ayudará a centrarte, sino también a relajarte cuando termines de trabajar.

Una parte importante de crear el ambiente adecuado es saber cuándo terminar. El teletrabajador tiende a tener menos descansos, empezar más temprano y terminar más tarde que los demás—hay que tener autodisciplina y no permitir que se convierta en un trabajo de 24 horas al día, 7 días a la semana. Un horario consistente y regular no solo mantiene cuerdo al trabajador; forma parte importante del deber de cuidado del empleador.

Comunícate

Los mensajes y llamadas sin respuesta son una señal de alarma en cualquier organización, pero más aún si estás teletrabajando. En las organizaciones que usan “chats”, si en tu estado apareces como “ausente”, salta una luz roja que algunos compañeros o directivos pueden interpretar como señal de que estás viendo la tele, ocupándote del jardín o incluso de compras. El trabajador virtual tiene que estar muy presente digitalmente, contestando rápido a los mensajes y asegurándose de responder a las llamadas.

Los cumpleaños, los acontecimientos personales, las vacaciones y los logros siguen siendo una realidad, aunque tú ya no estés en la oficina, así que sigue involucrándote, sin llegar a agobiar a tus compañeros con preguntas.

Un peligro frecuente al que se enfrenta el trabajador remoto es la sensación de estar desconectado, de no estar al tanto de las noticias superficiales y cotilleos de la oficina. Cuando no te puedes enterar de las noticias delante de la máquina de café, tienes que buscar una alternativa. Acostúmbrate a usar el chat para hablar de temas sociales con tus compañeros, y no solo de trabajo. Los cumpleaños, los acontecimientos personales, las vacaciones y los logros siguen siendo una realidad, aunque tú ya no estés en la oficina, así que sigue involucrándote, sin llegar a agobiar a tus compañeros con preguntas.

La comunicación más importante, sin embargo, sigue siendo la referente a temas laborales. Tienes que esforzarte por usar todas las herramientas de colaboración a tu alcance para asegurarte de que estás haciendo todo lo que te corresponde en los proyectos. E igual de importante es no importunar a los demás con peticiones de actualizaciones sobre temas en los que deberías estar al día. Sé disciplinado a la hora de tener actualizadas las herramientas de seguimiento y las listas de tareas pendientes.

La herramienta adecuada para cada tarea

Elegir el medio adecuado para cada mensaje es fundamental:

  • Chat: actualización rápida o pregunta sencilla, conversación social
  • Email: pregunta larga, clarificación o confirmación
  • Llamada: opinión o tratar un tema
  • Conferencia virtual: reunión formal

Muchas organizaciones ofrecen redes sociales como Yammer o Slack para anuncios de grupo o empresa, y es importante utilizarlas también.

También es importante que no ocultes tu descontento. En una oficina, tus compañeros y jefes ven tu lenguaje corporal y, si se dan cuenta de que algo va mal, intentan ayudarte a buscar soluciones. Uno de los grandes problemas de teletrabajar es que el trabajador puede llegar a abandonar la empresa porque no estaba de acuerdo con una decisión o situación, y nadie se enteró. Fija un hueco periódico en tu agenda para una conversación con tu equipo y tu director en la que todo el mundo pueda contar cómo le va.

Habla de tus éxitos y frustraciones, para lograr que mantener conversaciones integrales se convierta en algo rutinario—las reuniones no deberían ser solo para resolver temas y quejarse, es importante que sean un espacio en el que construir y mantener relaciones de confianza.

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Confianza

Merece la pena repetir esto: la falta de confianza acaba con todas las ventajas del teletrabajo.

La clave de la confianza está en nuestra trayectoria; tendemos a confiar en aquellos que nos han demostrado que son dignos de confianza. En una oficina virtual, esa trayectoria compartida es difícil de lograr. Y además, no estamos presentes físicamente para servirles a los demás de recordatorio.

Lábrate una buena reputación

Es crucial, por tanto, que el teletrabajador sea organizado, se fije en los detalles y sea proactivo. Te tienes que esforzar el doble para mantener tu reputación de persona cumplidora. Para que se acuerden de ti para bien, asegúrate de que pueden contar contigo para entregar tu trabajo sin errores tontos ni inexactitudes, y demuestra de forma consistente que no les vas a defraudar.

Cuando alguien empieza a teletrabajar por primera vez, es fundamental definir los roles con claridad y poner límites precisos. La ambigüedad lleva al conflicto, ya que hay tareas que se pierden entre dos personas, y otras que se duplican. Si no se resuelve, el conflicto degenera en una pérdida enorme de eficacia y causa animadversión entre todos los implicados.

Aunque el líder del equipo es quien debe definir las funciones iniciales, cada miembro, físico o virtual, es responsable de asegurarse de que el ideal funciona en la práctica. Deben proporcionar feedback constructivo para permitir que los roles se ajusten en función de la necesidad. Cada trabajador debe sabe con claridad lo que el equipo espera de él, y también lo que se espera de los demás miembros del equipo.

Cada equipo debe resolver los detalles de su caso concreto, pero es importante tener en cuenta que el teletrabajo, por definición, debe ser flexible, así que es poco probable que las soluciones rígidas funcionen bien.

No te quedes desconectado

Cada vez hay más gente que decide teletrabajar. Y cada vez son más las empresas que contratan a gente para que trabaje desde casa. Un puesto de trabajo físico es una gran inversión, y después de los recortes de personal provocados por la crisis, las organizaciones se están dando cuenta de que contratar remotamente les da acceso a mucho más talento, más barato.

Internet está lleno de estudios sobre el cambio en el modelo de trabajo de los Millennials, que exigen más flexibilidad y se manejan con soltura en el mundo digital. Muchos opinan que las empresas que se sigan resistiendo a ofrecer opciones de trabajo virtual lo van a tener complicado para encontrar talento. ¡Ha llegado el momento de ponerse en marcha!